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El hallazgo de Alzheimer

El médico y psiquiatra Alois Alzheimer descubrió con su microscopio un nuevo tipo de demencia que aún hoy persiste e incluso ha ido en aumento. Sin embargo, al principio pocos le prestaron atención.

CORTESÍA DE KONRAD MAURER Y ULRIKE MAURER, ALZHEIMER GEBURTSHAUS

«¿Cómo se llama usted?»
«Auguste.»
«¿Cuáles son sus apellidos?»
«Auguste.»
«¿Cómo se llama su marido?»
«Creo que Auguste.»
«¿Su marido?»
«Ah, mi marido...»

Cuando Alois Alzheimer leyó este diálogo en la historia clínica de una nueva paciente, le despertó una enorme curiosidad. El jefe clínico no se había enfrentado todavía a este tipo de síntomas tan enigmáticos. Auguste D., una mujer de 51 años, se había encaminado el 26 de noviembre de 1901, acompañada de su marido, al sanatorio estatal para enfermos mentales y epilépticos de Fráncfort del Meno. Según el esposo, la mujer sufría celos patológicos y manifestaba olvidos sorprendentes. El médico ayudante de Alzheimer efectuó la anamnesis siguiendo un protocolo minucioso.

«¿Cómo se llama usted?»
«¡Sra. D. Auguste!»
«¿Cuándo nació?»
«Mil ochocientos...»
«En qué año nació?»
«Este año no, el pasado.»
«¿Cuándo nació?»
«Mil ochocientos, no recuerdo...»
«¿Qué le he preguntado?»
«Vaya, D. Auguste...»

Durante varios días, el propio Alzheimer in­terrogó a su paciente: le pidió que sumara mentalmente cifras, que recitara el alfabeto y que nombrara objetos. La mujer se confundía de forma sistemática o se olvidaba de la tarea que le habían encomendado. Cuando empezaba a escribir su nombre, interrumpía la acción tras apuntar la abreviatura «Sra.»; no recordaba qué esperaban de ella.

La conducta de esta paciente se asemejaba a otros casos de demencia que Alzheimer había detectado con frecuencia. Sin embargo, las personas afectadas tenían una edad más avanzada. Para referirse a ella, los médicos habían acuñado el término de «ateromatosis», es decir, engrosamiento de los vasos cerebrales. Según su concepción, las alteraciones patológicas de los vasos causaban una contracción cerebral senil. Este mismo diagnóstico fue el que anotó Alzheimer en la hoja de ingreso de Auguste D., aunque entre signos de interrogación.

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