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1 de Septiembre de 2014
Aprendizaje

Fobia escolar y rendimiento académico

Para algunos niños asistir a la escuela supone un verdadero suplicio: la sola idea de ir al colegio les produce ansiedad y temor. Esta reacción limita, por lo general, su formación educativa y social.

THINKSTOCK

En síntesis

La ansiedad leve o moderada genera un estado de alerta que favorece el aprendizaje; sin embargo, en alta intensidad puede conducir a errores psicomotores o intelectuales.

En torno al uno por ciento de la población infantojuvenil sufre fobia escolar, mas la comunidad científica no ha conferido por ahora una entidad propia a este trastorno.

La relación entre fracaso académico y fobia escolar es bidireccional: esta última entorpece el aprendizaje del alumno, lo que influye en su bajo rendimiento en la escuela.

La mayoría de los niños y adolescentes experimentan temores leves y transitorios asociados con la edad, los cuales, por lo general, remiten de manera espontánea en el transcurso del desarrollo. Sin embargo, una pequeña proporción de miedos infantojuveniles son de intensidad elevada y persistentes, incluso hasta la adultez. Estos temores se convierten en un problema, pues interfieren en el funcionamiento diario del niño y de su familia. Es el caso de la fobia escolar.

En la actualidad este trastorno se describe como una grave dificultad del niño para asistir o permanecer en el colegio de forma regular y durante al menos cuatro semanas debido a una ansiedad y un miedo extremos, emociones que se relacionan con algunos aspectos o situaciones concretas del ámbito escolar (miedo a jugar durante el recreo, a hablar en clase, al docente, a otros niños, a la evaluación, al bajo rendimiento académico, etcétera).

Entre los diversos trastornos de ansiedad, la fobia escolar es la que más repercute sobre el ajuste académico y social del niño y adolescente, puesto que le supone no acudir a la escuela y, por lo tanto, le priva de los conocimientos y las habilidades sociales que allí se aprenden y perfeccionan a través de las relaciones interpersonales.

El llanto, la angustia ante la «amenaza» de ir al colegio, las explosiones de cólera (acompañadas de conducta agresiva cuando se fuerza al niño a entrar en el centro) y un exceso de quejas somáticas (dolor de estómago, cefaleas, náuseas o vómitos) son algunas de las reacciones emocionales más frecuentes en la fobia escolar. Como consecuencia, el niño presenta una conducta de evitación o huida del colegio, ataques de pánico si se le fuerza a ir o una actitud de total inhibición. Mientras que algunos se niegan a abandonar el hogar, otros se ponen en camino pero entran pronto en crisis, y otros llegan al colegio mas pasan todo el tiempo con algún cuidador.

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