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La ilusión del espeleólogo

Descubren por qué algunos individuos pueden ver sus manos en total oscuridad.

THINKSTOCK / ITALIANESTRO

Muchas personas sostienen la llamada ilusión del espeleólogo, es decir, aseguran que pueden ver cómo mueven las manos en total ausencia de luz. En un artículo reciente de Psychological Science, científicos de las universidades Vanderbilt y de Rochester han demostrado que esta fantasmal ilusión es auténtica: existen individuos proclives a experimentarla.

Los investigadores pidieron a 129 probandos que refiriesen sus sensaciones visuales en oscuridad total a lo largo de una serie de cinco experimentos. En los cuatro primeros, los participantes llevaban los ojos vendados a fin de impedirles la visión de cualquier resquicio lumínico. Parte de los sujetos aseguraron ver movimiento cuando articulaban las propias manos ante su rostro, pero no, cuando las movía un experimentador.

¿Por qué solo algunas personas creen percibir el movimiento en la oscuridad? Presumiendo que esta ilusión resultara de la conectividad robusta entre regiones cerebrales, el equipo incluyó voluntarios con sinestesia, fenómeno en el que la gran conexión cerebral provoca que la persona vea las letras y los números de determinado color. Estos sujetos mostraron reacciones más vigorosas que los demás al movimiento de sus manos en la oscuridad.

Los investigadores decidieron realizar el experimento, de nuevo en oscuridad completa, con instrumental de rastreo ocular. Esta exploración reveló que cuanto más vívidamente informaba el sujeto de la articulación de sus manos, menos acusado era el movimiento de sus ojos: estos se comportaban como si realmente pudieran ver; se mantenían enfocados sobre una diana imaginaria. Sin embargo, los participantes estaban experimentando por anticipado la visión de su mano en el espacio.

Estos resultados hacen pensar que las personas con una conectividad intersensorial intensa poseen mayor consciencia de su cuerpo. Los hallazgos nos recuerdan también que la visión es una creación cerebral, no de la vista. «El cerebro puede, o no, utilizar la información que los ojos le proporcionan», explica Duje Tadin, de la Universidad de Rochester. El cerebro selecciona la información que le llega de los ojos y la coteja con pautas o configuraciones predictibles (como el movimiento de las manos) para construir lo que percibimos.

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