Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Mente y Cerebro
  • Septiembre/Octubre 2014Nº 68

Percepción

La teoría del cerebro comprobador de hipótesis

Nuestras expectativas maquillan la imagen que percibimos del mundo: el cerebro recibe de manera ininterrumpida informaciones del entorno, las cuales procesa junto con los datos de los sentidos. Un funcionamiento cerebral básico.

Menear

Hace poco, Ana María bajó al sótano en busca del frasco de confitura de melocotón. Se acercó a la alacena, en el rincón del fondo, donde centelleaba la vetusta bombilla de 40 vatios. Esta emitió un tenue silbido antes de ahogarse. De pronto, reinó la oscuridad. Ana María extendió los brazos para guiarse por la negrura y dirigirse, poco a poco, paso a paso, hasta la escalera. En algún sitio guardaban las bicicle... ¡Ay!, ahí estaban. Mejor un poco más a la izquierda, luego recto y... el pie de Ana María topó con el primer escalón.

A pesar de que nuestra protagonista no veía por dónde pisaba, tenía una imagen del sótano en su cabeza, un recuerdo. El incidente le permitió comprobar hasta qué punto era correcta esa representación. Colocó un pie delante del otro y sorteó en lo posible los obstáculos. Cuando chocaba con algún objeto corregía su trayecto. Nuestro cerebro actúa de la misma manera; no solo en la oscuridad, sino siempre. Al menos esa hipótesis es la que apoyan un número creciente de neurofisiólogos, científicos cognitivos y filósofos bajo la teoría denominada «cerebro comprobador de hipótesis».

De acuerdo con esa hipótesis, cuando nos movemos a tientas, hablamos con amigos o soñamos, nuestro cerebro especula acerca de qué podrá suceder a continuación y sopesa las posibilidades con la información que recibe de los sentidos. Si la entrada de las predicciones coincide con la de las percepciones, todo marcha bien; de lo contrario, el cerebro se esfuerza por remediar la discrepancia. Con este propósito rectifica su pronóstico («las bicicletas se encuentran un poco más a la izquierda») o procura que las señales de entrada se transformen («un poco hacia el otro lado y recto... ya no hay más obstáculos»).

Puede conseguir el artículo en: