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1 de Julio de 2019
Neurociencia

Demencia y problemas de sueño

¿Podría un mejor descanso nocturno retrasar los síntomas del alzhéimer?

Celia Krampien

Entre las muchas cosas que se pueden estropear cuando la enfermedad de Alzheimer «tensa la soga» se encuentra el ciclo de sueño y vigilia. Este problema es tan habitual que una residencia geriátrica de la ciudad de Nueva York, el Hogar Hebreo de Riverdale, organizó durante muchos años un programa nocturno para que los miembros de la comunidad afligidos tomaran refrigerios y participaran en una serie de juegos, labores manuales y otras actividades desde el atardecer hasta el amanecer, y así sus agotados familiares pudieran descansar un poco.

Los problemas de sueño comienzan a menudo bastante antes de que se manifieste la demencia. En los últimos años, la investigación se ha centrado en dos cuestiones esenciales: ¿podría el sueño alterado constituir una señal de alerta fiable y precoz de los cambios cerebrales incipientes en la enfermedad de Alzheimer? Y una cuestión más interesante, pero aún especulativa: ¿podría el tratamiento de los problemas del sueño retrasar la aparición o la progresión de esta demencia?

La enfermedad neurodegenerativa del alzhéimer empieza unos veinte años antes de que se manifiesten síntomas como los lapsus de memoria y la confusión. Los investigadores creen que la fatídica secuencia transcurre de esta suerte: la proteína amiloide beta, un producto de desecho de las células nerviosas, comienza a acumularse en los espacios situados alrededor de las neuronas y acaba formando las placas reveladoras de la enfermedad de Alzheimer. A continuación, se forman ovillos tóxicos de proteína tau dentro de las células nerviosas, primero en la porción medial (interna) del lóbulo temporal y luego en otras regiones. Estos cambios provocan la muerte de las neuronas, la pérdida de sinapsis y la atrofia general que se observa en el cerebro de los afectados, así como un deterioro visible de la cognición y la conducta.

 

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