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1 de Julio de 2019
Neurología

El cuerpo calloso, clave para conocer la atrofia cerebral en la esclerosis múltiple

La medición del volumen del cuerpo calloso puede ayudar a determinar el deterioro cerebral de los pacientes con esclerosis múltiple y, de esta manera, contribuir a la optimización de su tratamiento.

El tamaño del cuerpo calloso (azul) puede revelar el daño cerebral en las personas con esclerosis múltiple.

Aunque la esclerosis múltiple (EM) suele definirse como una enfermedad inflamatoria del sistema nervioso central, esa es solo una cara de la moneda. Existe también un componente degenerativo. Diferentes estudios han demostrado que, con el paso de los años, los afectados presentan una pérdida de volumen cerebral. Este proceso contribuye a que, de manera progresiva, aumente la discapacidad física (alteraciones en la movilidad, la sensibilidad, la visión y el equilibrio) y el deterioro de las funciones cognitivas del paciente (entre ellas, la atención, la memoria y la velocidad de procesamiento de la información).

En la EM se producen focos de desmielinización en el cerebro y la médula espinal. Una de las estructuras cerebrales que con frecuencia sufre esa pérdida de mielina es el cuerpo calloso. Se trata de una lámina gruesa de sustancia blanca compuesta por más de 300 millones de fibras nerviosas y que constituye el punto de unión más importante entre ambos hemisferios del cerebro. De esta manera, participa en funciones cognitivas complejas, como son el lenguaje, la visión y la habilidad espacial.

Puesto que el cuerpo calloso es una de las principales regiones que sufren la acción desmielinizante de la EM, es previsible que se atrofie con el paso del tiempo. En los pacientes con esta enfermedad es importante conocer la evolución de la atrofia cerebral para determinar si el tratamiento que reciben disminuye la actividad inflamatoria y, con ello, ralentiza la pérdida de volumen cerebral. Sin embargo, los métodos actuales para este fin resultan complejos, por lo que se precisan otros más sencillos y accesibles.

Nuestro grupo ha comprobado que medir el índice del cuerpo calloso (ICC) puede ser una estrategia alternativa para evaluar el tamaño global del cerebro y, de este modo, el grado de daño cerebral. Ello, a su vez, puede ayudar a optimizar el tratamiento.

 

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