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1 de Julio de 2019
Filosofía

El efecto de no hacer nada

¿Podemos provocar algo sin intervenir en ello? Los filósofos explican mediante el concepto de causalidad negativa por qué nuestra responsabilidad va mucho más allá de lo que pensamos.

Getty Images / andreonegin / iStock

En síntesis

Si la omisión de una acción puede tener un efecto causal es una cuestión espinosa tanto filosófica como jurídicamente. ¿Cómo puede algo que no es causar algo?

Para entenderlo debemos reflexionar sobre nuestra comprensión de la nada y la causalidad. Así, por ejemplo, la primera no se refiere a la cosa que falta, sino al vacío.

Tomar la omisión como una «posibilidad de acción latente» proporciona una salida al dilema de que la ausencia (aparente) no puede causar un efecto.

Supongamos que sale a pasear por un parque. Casualmente observa cómo un niño se cae en un estanque alrededor del cual se extiende una zona verde. El pequeño está a punto de morir ahogado. Podría ayudarle, pero titubea; al fin y al cabo, usted no es muy buen nadador. No se ve a nadie más en el parque aparte de usted, y se ha dejado el móvil en casa. Supongamos que se queda paralizado en la inacción con tantos pensamientos y el niño muere. ¿Es usted responsable de la muerte del pequeño? «Yo estaba allí», podría decir, «pero ¡no hice nada! El muchacho cayó al agua sin que yo contribuyera a ello. Si no hubiera pasado por allí casualmente en ese momento, al final se hubiera ahogado igual». ¿Es eso una objeción justificada o solo rizar el rizo para quitarse un peso de encima?

Una cosa está clara: si hacemos a alguien responsable de un suceso, por lo general presuponemos que ese alguien ha contribuido de alguna forma a causar ese resultado. Pero ¿cómo sería esta relación en el caso descrito? Cuando el niño cayó en el estanque, usted no hizo nada. Por tanto, no hubo contribución alguna por su parte. ¿Podría usted haber causado la muerte del chaval a pesar de ello?

Puede que este tipo de reflexiones no sean habituales, pero tampoco resultan triviales. Los filósofos las discuten bajo el concepto de «causalidad negativa». Con ello analizan en qué medida la omisión de una acción puede contemplarse como causa de un suceso. Si aceptamos la causalidad negativa, es decir, si entendemos las omisiones como causas de manera similar a las acciones, eso tendría consecuencias de peso a la hora de interpretar de qué somos moralmente responsables.

En muchos casos, atribuimos intuitivamente responsabilidad a las omisiones de las personas, aunque no en la misma medida que en la conducta activa. Tomemos como ejemplo el debate sobre la eutanasia: muchos la rechazarán en su forma activa, es decir, como intervención en el proceso de morir para que el fallecimiento ocurra antes. La mayoría de los consultados encuentran, en cambio, menos alarmante dejar morir a alguien al no mantener las medidas que le alargan la vida, aunque las consecuencias sean básicamente las mismas.

Esta valoración contradictoria entre actuar y omitir la acción también influye en la jurisprudencia. En general, el derecho penal sanciona la conducta activa que causa perjuicios a otros. Dicho de otro modo: quien hace algo prohibido recibe un castigo. Pero la ley también prevé castigos en determinados casos cuando no hacemos algo. Distingue entre delitos de omisión propios e impropios.

 

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