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1 de Julio de 2019
Neurociencia

La melodía ­interminable

¿Alguna vez se le ha metido una canción en la cabeza hasta llegar a taladrarle? Los científicos explican cómo librarse de los gusanos auditivos.

Getty Images / RyanJLane / iStock

Un universitario llegó al centro de salud con una queja fuera de lo común: la música se le había quedado atascada en la cabeza desde hacía tres años y ya no era capaz de hacerle frente. Los constantes «bucles musicales» y los fallidos intentos de terminar con ellos se encontraban ahora perennes en su mente, de modo que afectaban a sus estudios y actividades diarias. Temía estar volviéndose loco.

Todo empezó cuando todavía estaba en el instituto. Un día escuchó una canción pegadiza en la radio y de inmediato le preocupó que no podía quitársela de la cabeza. Un fragmento del estribillo comenzó a sonar en su mente una vez, y otra y otra más. El bucle repetitivo se mantuvo toda la tarde, hasta que se fue a la cama. Al levantarse, chequeó su mente en busca de la canción. Descubrió que todavía se encontraba allí, repitiéndose hasta el infinito. Más tarde empezó a escuchar en su cabeza fragmentos de otras canciones, pero también en forma de bucle. El silencio no existía para él.

«Mi mente siempre se hallaba dividida en dos [...] Era como si estuviera viendo un espectáculo televisivo en el que los anuncios aparecen constantemente durante el show. Me preocupaba que los bucles pudieran aumentar de manera continua y ahogar mi sentido del yo. Pensé que me estaba volviendo loco y empleé toda mi fuerza de voluntad para razonar, argumentar, rezar y distraerme. Sin embargo, la música no cesaba.»

Según el psiquiatra que informó sobre el caso, Zaid Yusufi Rafin, la obsesión musical del estudiante constituía una rara manifestación, más exagerada y duradera, de los gusanos auditivos, es decir, las melodías que se introducen en nuestra cabeza sin que queramos e incluso en contra de nuestra voluntad. Todo apuntaba a que el estudiante había desarrollado una forma de trastorno obsesivo-compulsivo, y el potente gusano auditivo anunciaba el primer síntoma. Tenía por entonces 19 años, y finalmente pudo reducir sus bucles auditivos hasta un nivel manejable con ayuda de la terapia cognitivo-conductual. Aún así, los síntomas empeoraban en las épocas de estrés.

 

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