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1 de Julio de 2019
Psicoterapia

Reescribir el guión de las pesadillas

Para los malos sueños recurrentes existe un tratamiento eficaz y sencillo que, sin embargo, es prácticamente desconocido. Se trata de la terapia de ensayo en imaginación.

Unsplash / Stefano Pollio (unsplash.com/photos/ZC0EbdLC8G0)

En síntesis

Las pesadillas recurrentes pueden guardar relación con una experiencia traumática, aunque a menudo surgen sin motivo aparente.

La terapia de ensayo en imaginación se muestra como uno de los tratamientos más eficaces para este tipo de malos sueños. A grandes rasgos, consiste en imaginarse una nueva versión de la pesadilla.

Las personas sin problemas de salud mental pueden utilizar este método solas en casa. A pesar de su utilidad y sencillez, aún es poco conocido.

Maríace más que a la anfitriona y, sinceramente, preferiría pasar la tarde con su hija, a la que ahora tendrá que dejar al cuidado de la canguro. Pero tampoco quiere plantar a su amiga y compañera de universidad. Finalmente, se pone de camino a la cita.

Mientras anda por la calle, de repente siente la entrepierna mojada: se ha orinado encima. Una indiscreta mancha delata su descuido. De todas formas, continúa andando. Cuando al fin llega a la fiesta, una hilera de gusanos y orugas se agrupa a su alrededor. Los invitados la miran atónitos y con repulsión. La vergüenza invade su cuerpo. Y en ese preciso momento… se despierta.

«Casi todo el mundo ha tenido una pesadilla», afirma Annika Gieselmann, de la Universidad de Düsseldorf. Estas se distinguen de los sueños habituales, sobre todo, por las emociones negativas que las acompañan. En la mayoría de las ocasiones, se trata de un sentimiento intenso de angustia o miedo, pero también pueden imperar el dolor, la repugnancia, la vergüenza o la ira, explica la psicóloga. A veces, la sensación es tan fuerte que nos despertamos empapados en sudor. Casi siempre se recuerda qué causó el miedo, por lo que las pesadillas ocupan un lugar privilegiado en el mundo onírico. Los sueños inofensivos que experimentamos cada noche, en cambio, no los solemos recordar a la mañana siguiente.

A pesar de que las pesadillas constituyen una experiencia común en los humanos, a veces se subestima su efecto. Para algunas personas, esos viajes mentales nocturnos pueden afectarlas hasta el punto de recibir el diagnóstico de trastorno por pesadillas. Hace unos años, María acudió en busca de ayuda a la consulta de Gieselmann, una de las pocas investigadoras del mundo que estudia este tipo de trastorno del sueño.

Por ahora, los científicos saben, entre otras cosas, que la frecuencia de las pesadillas va cambiando con la edad. Así, antes del décimo año de vida acontecen con mayor asiduidad y a medida que nos hacemos mayores son menos frecuentes. El sexo y la genética también influyen. Las mujeres, según se desprende de su propio testimonio, experimentan más pesadillas que los hombres. Por otro lado, unos investigadores finlandeses constataron en 1999 a partir de una encuesta con unos 3700 gemelos heterocigóticos y homocigóticos, que la frecuencia de los ensueños angustiosos se halla condicionada genéticamente entre un 30 y un 50 por ciento.

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