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El joven con psicosis por mefedrona

La mefedrona, droga recreativa muy extendida en los países occidentales­, puede tener peligrosos efectos colaterales, como el ­desarrollo de episodios psicóticos

GETTY IMAGES / VCHAL / ISTOCK

En síntesis

La mefedrona es una droga estimulante, cuyo uso se ­empezó a extender por Europa Central a partir de 2008. Sus efectos a largo plazo todavía no se conocen en detalle.

Además de una conducta sexual desinhibida, puede producir sín­tomas psiquiátricos: paranoia, ­alucinaciones auditivas o visuales, ­manía persecutoria e, incluso, un ­comportamiento suicida.

También puede poner en peligro la vida del consumidor a causa de alteraciones en el sistema cardiovascular o en el metabolismo de la serotonina.

Cuando Mario, de 25 años, llegó al Hospital Universitario del Henares, en Madrid, se encontraba física y psicológicamente destrozado. Preso de la desesperación, buscaba la ayuda de la médica responsable de la Unidad de Patología Dual, donde desde 2010 tratan a las personas que sufren un trastorno mental por el abuso de estupefacientes. Mario quería dejar las drogas y, lo más importante, acabar con un hábito que había adquirido desde hacía unos meses: todos los fines de semana se inyectaba repetidas dosis de mefedrona. La psiquiatra Helen Dolengevich Segal, responsable del programa Patología Dual, le aconsejó la hospitalización. Sin embargo, Mario rechazó la propuesta. De todos modos, la doctora le dio cita para unos días después. El joven tampoco acudió. Su decisión reflejaba la ambivalencia que caracteriza a estos pacientes.

A lo largo de las semanas siguientes, la psiquiatra intentó contactar por teléfono con Mario; sin éxito. Hasta que, un buen día, él mismo se presentó en el hospital. Le preocupaba su salud mental. Tras un fin de semana dedicado a consumir mefedrona, se había pasado 24 horas en su habitación empuñando con fuerza un cuchillo. Sufría una convicción delirante: fuera le esperaba un hombre para agredirlo.

Desinhibición sexual y delirios

La mefedrona (4-metilmetcatinona) es la sustancia más popular entre las llamadas catinonas sintéticas, compuestos de beta-ceto-anfetaminas. Derivan de la catinona, un alcaloide psicoactivo que se encuentra en el khat (Catha edulis), una planta que abunda en el Cuerno de África y en Arabia, donde masticar sus hojas constituye una costumbre. Aparte de la mefedrona, que sintetizó en 1929 el químico Saem de Burnaga Sánchez, se han hallado al menos otras 10 catinonas sintéticas: la 4-metilmetcatinona, la metilona, la butilona y la metilendioxipirivalerona son las más conocidas.

Los efectos naturales de la catinona (entre estos, eufo­ria, reducción del hambre y de la fatiga, así como analgesia) resultan más inmediatos si se consume su análogo sintético, la mefedrona, muy difundida y usada en Occidente como droga recreativa por sus efectos estimulantes y empatógenos. Hasta 2010, era legal en toda Europa; en Estados Unidos, lo fue hasta 2012. Bajo la denominación de sales de baño o fertilizante para plantas se puede conseguir con facilidad por Internet. Parte de su popularidad se debe también a su bajo coste y a la pureza con que se encuentra en el mercado, incluso superior al 99 por ciento. Se puede ingerir, de manera que su efecto se retarda y prolonga, pero también hay quienes se la inyectan, en cuyo caso los efectos resultan inmediatos y breves.

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