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El lenguaje busca un nuevo alojamiento

Los centros del habla en el cerebro infantil pueden emigrar del hemisferio izquierdo al derecho en caso de daño cerebral. Esta elevada neuroplasticidad protege a los niños de la pérdida del habla.

Getty Images / 3DSculptor / iStock

En síntesis

En la mayoría de las personas, las funciones del habla se localizan en el hemisferio cerebral izquierdo. En los adultos, una hemorragia o un ictus en esa región suele causar la pérdida del habla.

En cambio, durante la primera infancia, los centros del habla conservan la flexibilidad suficiente como para «mudarse», en caso de lesión, hacia el hemisferio derecho intacto.

La asombrosa neuroplasticidad en los niños evita la pérdida del habla. Esta capacidad de reorganización cerebral destaca sobre todo hasta la edad de 8 años; luego, decrece de forma progresiva.

Catalina tenía 8 años cuando sufrió el primer ataque epiléptico. A consecuencia de ello, el lado derecho de su cuerpo quedó paralizado. La niña también dejó de hablar con fluidez. Aunque parecía entender las palabras que le decían, no lograba formular una frase completa. Sufría afasia de Broca.

El examen neuropatológico reveló que una malformación congénita de los vasos cerebrales había dañado su lóbulo frontal izquierdo. Esa lesión explicaba la epilepsia, pero también la pérdida del habla, puesto que la región afectada constituye, por lo común, el centro del habla. Durante los meses siguientes, el tejido del área dañada continuó deteriorándose. Por esa razón, la recuperación de la paciente resultó un acontecimiento sorprendente: a pesar de la extensa destrucción de las áreas cerebrales del lado izquierdo, la afasia desapareció de forma paulatina. Seis meses después de la primera crisis de epilepsia, Catalina volvió a formular frases de dos palabras. Al cabo de un año, hablaba con mayor fluidez, aunque presentaba algunos problemas en la construcción de las frases. Asimismo, todavía sufría ataques epilépticos de manera reiterada, por lo que los médicos se plantearon operar el cerebro de la joven paciente.

La gran cuestión radicaba en saber si la extracción de algunas porciones del lóbulo frontal izquierdo conllevaría la pérdida definitiva del habla en la niña. La mejora en la capacidad de hablar que los médicos habían observado en Catalina hasta ese momento hacía pensar que su cerebro había procedido ya a una importante reestructuración. Para tener una idea más clara, los neurólogos examinaron el cerebro de la niña mediante resonancia magnética funcional (RMf). Esta técnica de neuroimagen permite reconocer las áreas que intervienen en determinadas funciones cognitivas.

Mientras permanecía acostada dentro del escáner cerebral, la pequeña debía resolver tareas lingüísticas. Entre otras, escuchaba palabras clave y, a continuación, debía enumerar mentalmente verbos adecuados a esos sustantivos. Ese ejercicio activaría las regiones encargadas del habla. En otra de las pruebas, se dejó que escuchara un programa de radio con el fin de que se pusieran en funcionamiento los centros cerebrales responsables de la comprensión del habla.

La evaluación de los datos reveló un hecho sorprendente: el centro del habla de Catalina no se localizaba, como es habitual, en el hemisferio izquierdo, sino en el derecho, el «lado sano» del cerebro. Ahora bien, si el daño en lóbulo frontal izquierdo había causado una afasia en la niña, el área encargada del habla tenía que haber residido allí un año y medio antes de que presentara el trastorno. ¿Cómo se explicaba ese cambio de lado?

La respuesta se encuentra en la asombrosa capacidad del cerebro humano para recuperarse de una lesión. En pocas palabras: la neuroplasticidad. A diferencia de los circuitos de un ordenador, nuestras células grises y sus prolongaciones (axones) se adaptan con flexibilidad a las necesidades cambiantes. Por ejemplo, tocar el piano todos los días potencia las conexiones entre las células nerviosas en la corteza motora, mientras que las sinapsis que no se utilizan, se debilitan. Pero no solo las neuronas aisladas disponen de esa capacidad; también redes neuronales enteras son capaces de reorganizarse. Gracias a la plasticidad cortical se preservan las funciones cerebrales, incluso cuando fallan las áreas inicialmente responsables como consecuencia, por ejemplo, de una hemorragia cerebral.

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