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Para sentir el calor, hay que sentir el frío

Dos tipos de neuronas sensoriales que actúan en conjunto se encargan de detectar el calor. Unas son más necesarias para percibir si algo está caliente; paradójicamente, también son las que detectan el frío

Los humanos y los ratones coinciden en la percepción de la temperatura en varios aspectos; por ejemplo, ambas especies prefieren el calor aunque son más sensibles al frío. En esta imagen obtenida con una cámara térmica se muestra a un ratón que explora un objeto caliente (de más a menos temperatura: blanco, amarillo, rojo y azul). [Cortesía de Ricardo Paricio Montesinos]

Cuando asimos una taza de café recién hecho, rápidamente sentimos su calor en las manos. Del mismo modo, podemos adivinar si alguien tiene fiebre solo con tocar su frente. Cuando sentimos frío, nos acurrucamos y nos cubrimos con ropa. Pero si hace calor, nos ponemos a la sombra. La habilidad de detectar la temperatura constituye un sentido muy importante para nuestra comodidad y supervivencia, mas ¿cómo funciona esta percepción?

Para averiguarlo, un grupo de investigadores del Centro Max Delbrück de Medicina Molecular hemos analizado la percepción táctil del calor en ratones. Según hemos descubierto y publicado en la revista Neuron, en la detección del calor a través de la piel intervienen dos tipos de neuronas sensoriales, a las que denominamos «activadas» y «silenciadas» por el calor. Mientras las primeras se excitan si la piel toca un objeto caliente, las segundas se desactivan. Pero lo más llamativo viene a continuación: las «activadas» son, hasta cierto punto, prescindibles; en cambio, las «silenciadas» resultan fundamentales en este proceso. Además, para funcionar han de ser sensibles al frío. En pocas palabras, para percibir el calor se necesitan neuronas que se desactiven con las altas temperaturas y que sean detectoras del frío.

¿Canales de información separados?

Se sabe que para percibir el frío se requiere un tipo de neuronas sensoriales que poseen una proteína que las activa cuando la temperatura desciende. De hecho, funcionan de un modo muy intuitivo: cuando la piel contacta con temperaturas que los humanos percibimos como «neutras» (unos 30 grados centígrados) permanecen inactivas; en cambio, a una temperatura inferior (22 oC) se excitan y envían impulsos eléctricos a la médula espinal. Si estas neuronas se anulan, se deja de percibir el frío, según se ha comprobado en ratones.

El proceso de la percepción del calor, en cambio, se conoce menos. Como en el caso del frío, se han hallado neuronas sensoriales que parecen jugar un papel en su percepción. Estas permanecen inactivas a temperaturas neutras pero se excitan cuando la piel se calienta. Hasta ahora, se asume que constituyen el principal mecanismo de detección del calor. Sin embargo, no se ha demostrado todavía: para ello, hay que comprobar que la eliminación de estas neuronas conlleva una pérdida de sensibilidad.

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