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Síndrome de Münchhausen por poderes: enfermo por el bien de mamá

Las mujeres que padecen el síndrome de Münchhausen por poderes simulan que su hijo sufre una dolencia. Algunas utilizan todos los medios a su alcance para ello, hasta incluso provocar la muerte del niño. ¿Por qué?

El osito de peluche del niño también sufre los daños. [Getty Images / Mizina / iStock]

En síntesis

Las personas con síndrome de Münchhausen por poderes provocan dolencias en una persona que depende de ellas. La mayoría de los pacientes son mujeres, y las víctimas, casi siempre sus hijos.

Al menos en uno de cada dos casos las madres provocan los síntomas a su hijo. Con ello pretenden, entre otras cosas, llamar la atención y obtener el reconocimiento por su esfuerzo como «madre sacrificada».

Por lo general, resulta difícil establecer el diagnóstico, ya que las madres suelen cambiar con frecuencia de médico. Por otro lado, los familiares suelen negar las sospechas. Incluso los niños más mayores asumen el papel de enfermo y no dicen nada para proteger a su madre.

En 1977, el pediatra británico Roy Meadow publicaba en The Lancet el primer artículo científico sobre el síndrome de Münchhausen por poderes. En la introducción exponía una afirmación, en apariencia, trivial: «En el tratamiento de los niños pequeños, los médicos confían en el historial clínico que los padres reportan». Este enunciado, sin embargo, trasluce un dilema que todavía hoy en día persiste: los pediatras deben confiar en los padres, aunque a veces no deberían hacerlo.

El nombre del síndrome se remonta a la figura literaria del barón de Münchhausen, conocido por las asombrosas hazañas que inventaba. En la década de 1950 el término «síndrome de Münchhausen» se usó para designar a las personas que fingían, sin motivo aparente, que padecían una enfermedad y que se sometían a pruebas y terapias (innecesarias) para curarse [véase «El enfermo imaginario», por Sebastian Diéguez; Mente y Cerebro, n.o 51, 2011]. Más tarde se utilizó para referirse a quienes simulan una dolencia en otra persona que depende de ellas. En estas circunstancias el diagnóstico es «síndrome de Münchhausen por poderes». A veces, el perjudicado es un adulto dependiente, pero en la mayoría de las ocasiones se trata de un niño.

En su artículo, Meadow describía el caso del pequeño Charles: con tan solo seis semanas de vida, padeció sus primeros ataques de vómito. Los médicos hallaron una concentración elevada de sodio en la sangre y la orina del bebé. Durante un año buscaron, en vano, el motivo. Hasta que alguien se fijó en un dato curioso: los síntomas empezaban siempre en casa. Decidieron ingresar al niño en el hospital y alejarlo de su madre por un tiempo. Los síntomas desaparecieron. Pero volvieron a surgir una vez la mujer pudo volver a acercarse a su hijo. Las sospechas apuntaban a que ella administraba grandes cantidades de sal al bebé. Mientras los médicos y los servicios sociales estudiaban cuál era el siguiente paso a seguir, el pequeño volvió a estar bajo la tutela de la madre. Tremendo error. Cuando el bebé ingresó nuevamente en el hospital por intoxicación de sodio, nadie pudo hacer nada para salvarlo.

Un estudio en el que se analizaron 450 casos relacionados con el síndrome de Münchhausen por poderes reveló que alrededor del 6 por ciento de los niños afectados fallecen por los daños que se les inflige. Otra investigación más extensa, con 800 casos, expone que el porcentaje de fallecimientos se eleva a un 7,4 por ciento. Para prevenir tal desenlace, una medida resulta imprescindible: reconocer los signos de alerta lo antes posible.

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