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1 de Julio de 2015
Psicología

Cognición corporizada

Las sensaciones físicas y el movimiento corporal ejercen una gran influencia sobre lo que sentimos y pensamos. Un fenómeno que queda reflejado en las metáforas.

Un ejemplo típico de la cognición corporizada lo encontramos en el concepto de tiempo. Los sujetos que piensan en el pasado se reclinan ligeramente hacia atrás; los que meditan sobre el futuro, en cambio, inclinan el cuerpo hacia delante [NEUFFER-DESIGN]

En síntesis

La mente utiliza el cuerpo para dar sentido a nociones abstractas. Las metáforas reflejan esa estrecha relación.

Sensaciones y acciones en apariencia triviales (sonreír, sostener objetos ásperos o levantar el pulgar) pueden influir en los juicios sociales, la comprensión del lenguaje, la percepción visual e incluso el razonamiento.

La contracción de los músculos faciales no solo refleja nuestras emociones; también contribuye a experimentarlas.

¿Por qué nos sentimos pequeños frente a aquellos que respetamos; miramos por encima del hombro a quienes desdeñamos y pensamos con calidez en las personas que queremos? ¿Por qué ocultamos un sucio pasado y nos lavamos las manos de responsabilidades? ¿Por qué ponderamos cuestiones de peso y nos sentimos descargados después de tomar una decisión? ¿Por qué volvemos la vista atrás en el pasado y miramos hacia adelante en el futuro?

Esas y otras expresiones que invocan una realidad física para comunicar conceptos intangibles pueden antojarse, a priori, fantasiosas. Sin embargo, un número creciente de estudios indica que las metáforas que unen cuerpo y mente reflejan una clave principal sobre el modo en que pensamos: la mente utiliza el cuerpo para dar sentido a las nociones abstractas. Procesos psicológicos superiores, como los juicios sociales, la comprensión del lenguaje, la percepción visual o, incluso, el razonamiento sobre entidades insustanciales como el tiempo, pueden verse influenciados por sensaciones y acciones aparentemente triviales: sonreír o fruncir el ceño, sostener objetos suaves o ásperos, asentir con la cabeza o levantar el pulgar.

Las implicaciones de este fenómeno pueden llegar a rozar el absurdo. Si sostenemos una taza de café caliente entre las manos, ¿juzgaremos a los que nos rodean con mayor calidez? Una habitación perfumada, ¿hará aflorar al buen samaritano que llevamos dentro? Si respondemos un cuestionario sujeto a un portapapeles pesado, ¿consideraremos que se trata de un tema de peso? Por muy exagerados que estos non sequiturs sensoriales puedan parecer, los resultados de la investigación en torno a la corporización (embodiment) de la cognición son persuasivos. «Las pruebas empíricas resultan cada vez más contundentes», afirma el psicólogo Lawrence Barsalou, de la Universidad Emory. «La cognición emerge, en gran medida, de cualidades que solíamos considerar irrelevantes, como la calidez, la limpieza y el peso.»

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