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1 de Julio de 2015
Psiquiatría

Hábitos sin supervisión

Un control deficiente en el cerebro puede subyacer al trastorno obsesivo-compulsivo.

Las personas con trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se sienten obligadas a ejecutar hábitos improductivos, como lavarse las manos o comprobar que todo está bien cerrado, constantemente. Aun reconociendo que se trata de actos irracionales, continúan atrapadas en un ciclo de compulsiones que trastornan su vida. Se había señalado en estudios anteriores que los pacientes con TOC presentan ­anomalías en dos sistemas cerebrales, creador de hábitos, uno, y de supervisión, el otro. Sin embargo, no está claro si son estas anomalías las responsables de comportamientos reiterativos o si, por el contrario, estas anomalías resultan de la reiteración de una conducta.

Para resolver la disyuntiva, un equipo de la Universidad de Cambridge examinó la actividad cerebral mientras los probandos procedían a aprender nuevos hábitos. La culpa ha de atribuirse a errores en la supervisión, informan los autores en un estudio publicado en línea en American Journal of Psychiatry de diciembre de 2014. Para determinarlo, examinaron escáneres de 37 probandos que sufrían TOC y de 33 individuos sanos (grupo de control) mientras aprendían que debían pisar un pedal para ahorrarse una leve descarga. Todos los sujetos se habituaron a hacerlo, pero quienes sufrían TOC siguieron accionándolo cuando ya no había riesgo de sufrir descargas. Estas personas exhibían una actividad anómala en las regiones relevantes para la supervisión de conductas dirigidas a un objetivo, y no, en cambio, en las regiones correspondientes a la formación de hábitos.

Ese hallazgo sugiere que si se refuerzan mediante entrenamiento cognitivo los sistemas orientados a una meta podrían aliviarse los síntomas del TOC. El cono­cimiento, progresivamente mayor, del arraigo cerebral de dicho trastorno puede contribuir también a que estas personas se animen a participar en los tratamientos usuales para el abandono de hábitos, en los que el sujeto es expuesto a un estímulo desencadenante, pero se le prohíbe la respuesta típica. «Resulta difícil prohibirse una acción cuando el cuerpo entero te la está exigiendo», explica Claire Guillan, autora principal del artículo y actualmente en la Universidad de Nueva York. «Pero si sabes que el hábito se debe a un mero desliz biológico, el TOC se torna menos aterrador y pasa a ser algo que se puede llegar a controlar».

 

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