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  • Julio/Agosto 2015Nº 73
Encefaloscopio

Neurociencia

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La morada de los recuerdos

La hipótesis de que las recordaciones se almacenan en las sinapsis puede no ser del todo cierta.

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Cuando se olvida un recuerdo, ¿se pierde para siempre? Casi todas las investigaciones apuntan a que así es. Un estudio publicado en la revista en línea eLife sugiere que los rastros de una recordación perdida podrían subsistir en el núcleo de una célula, lo que tal vez permitiría su futura evocación o, cuando menos, la fácil formación de una memoria nueva similar a la que se ha perdido.

La teoría actual indica que los recuerdos a largo plazo se conservan en las sinapsis, espacios que atraviesan los impulsos nerviosos para saltar de una neurona a otra. Estas memorias dependen de la formación de una red robusta de esas conexiones neuronales; al degradarse las sinapsis, los recuerdos se debilitan o se esfuman.

En fecha reciente, investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles estudiaron neuronas de babosas de mar cultivadas en una placa de Petri. A lo largo de varios días, las neuronas formaron de manera espontánea cierto número de sinapsis. Seguidamente, se aportó el neurotransmisor serotonina a esas células, lo que provocó la creación de muchas más sinapsis, el mismo proceso por el cual un ser vivo formaría un recuerdo a largo plazo. Tras inhibir una enzima que forma recuerdos y revisar las neuronas 48 horas después, la cantidad de sinapsis había regresado al número inicial, pero las sinapsis individuales no eran las mismas. Algunas de las originales y algunas de las nuevas se retrajeron para recrear el número exacto de sinapsis inicial.

Este hallazgo sugiere que el cuerpo celular de la neurona «sabe» cuántas sinapsis ha de formar, fenómeno que indica que codifica una parte crucial del recuerdo. Los investigadores efectuaron un experimento similar con babosas de mar vivas. Observaron que un recuerdo a largo plazo se podía borrar por completo (según el recuento de las sinapsis destruidas) y reconstruirse depués con solo un estímulo similar. Ello sugiere que alguna información estaba siendo almacenada en el soma de la neurona.

Las sinapsis pueden compararse con los dedos de un pianista, según David Glanzman, de la Universidad de California en Los Ángeles e investigador principal del estudio. Aunque Chopin perdiera los dedos, explica Glanzman, seguiría sabiendo tocar sus sonatas. «Se trata de una idea radical; no lo niego: el recuerdo no se almacena en las sinapsis.»

Otros expertos se muestran intrigados por estos hallazgos a la vez que mantienen cierta cautela sobre su interpretación. Incluso si las neuronas retienen información sobre cuántas sinapsis han de formar, no queda claro cómo determinan su ubicación o su vigor, dos componentes cruciales para el almacenaje de recuerdos. Aun así, el trabajo muestra que las sinapsis podrían no quedar petrificadas al codificar recuerdos, pues pueden agostarse y volverse a formar conforme el recuerdo se debilita o refuerza. «Los resultados son bastante sorprendentes», apunta Todd Sacktor, del Centro Médico Downstate de la Universidad estatal de Nueva York. «Se ha tenido siempre la presunción de que son unas mismas sinapsis las que almacenan el recuerdo. En esencia, lo que [Glanzman] dice es que se trata de algo mucho más dinámico.»

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