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Actualidad científica

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  • Julio/Agosto 2015Nº 73

Etología

«Necesitamos una ­neurobiología comparada»

Según el biopsicólogo Onur Güntürkün, casi siempre se ha investigado con los mismos modelos animales: ratas, ratones y macacos. Con estas limitaciones estamos condenados al fracaso, opina. Las palomas, las urracas y las gallinas también nos revelan mucho sobre la evolución de la inteligencia.

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Hace muchos años que investiga la capacidad de aprendizaje de los pájaros. ¿Alguna vez ha intentado imaginarse cómo sería ser una paloma?

Me encantaría saberlo. Aunque existen cosas que se pueden reconstruir con exactitud desde el exterior. Las palomas, por ejemplo, pueden mirar con cada ojo a la vez hacia delante y hacia el lado y con ello tienen una visión de casi 180 grados. Sin embargo, a duras penas pueden percibir su entorno como una totalidad. Están obsesionadas por los detalles. Para nosotros es justo lo contrario. Por tanto, es difícil imaginarse realmente cómo es ser una paloma. Sobre todo porque no tenemos ni idea sobre qué se siente al volar, sin más, por encima del paisaje.

Hace tiempo que se dice que el ser humano es la única especie capaz de ser previsora. ¿Las palomas viven el presente?

Creo que las palomas tienen un sentido de futuro. Pero no es tan marcado como para que lo podamos comprobar sin problemas. Hasta hace poco, muchos científicos creían que los animales no podían planificar. Hoy día, en un gran número de especies, esa idea se ha rebatido, aunque nadie sabe con exactitud qué visión de futuro tienen. Debería ser característico de las personas que planeáramos nuestro futuro de un modo claro. No obstante, probablemente esta capacidad también sea un producto de nuestra cultura. Muchos pueblos indígenas no lo hacen, aunque cognitivamente son capaces de ello.

Desde siempre, los investigadores analizan el cerebro para entender el rendimiento cognitivo. Estos intentos, ¿están condenados al fracaso?

Cada capacidad cognitiva depende, por supuesto, del cerebro. Durante siglos hemos sobrevalorado hasta dónde podíamos reconstruir los procesos cognitivos a través de la estructura neuronal. Antes se decía: «Muéstrame tu cerebro y te diré cómo piensas». En realidad, sobre la relación entre estructura y función sabemos muy poco. Mi investigación con las palomas ha demostrado que los procesos cognitivos no dependen de una neocorteza. Incluso el cerebro de los pájaros, que no posee neocorteza, lleva a cabo ejecuciones complejas, igual que el cerebro humano. En otras palabras: el cerebro de las personas y el de las palomas obedece a principios funcionales muy parecidos.

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