Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Julio de 2015
Neurociencia

Una ciencia controvertida

Muchas personas ven las explicaciones de la neurociencia con escepticismo: la mente es algo más que el simple impulso de las neuronas. Incluso los neurocientíficos reprochan ciertos aspectos de su disciplina.

ISTOCKPHOTO / MARCHENKO YEVHEN; MODIFICADO POR GEHIRN UND GEIST

En síntesis

Según advierten los neuroscépticos, la neurociencia conduce al biologismo de nuestro día a día, con los consecuentes efectos colaterales amenazantes.

Esta popularidad del cerebro alimenta la creación de mitos. Cuestiones como la eliminación del libre albedrío o la optimización ilimitada de las capacidades cognitivas no se ponen en duda.

Desde la neurociencia se proponen mejoras necesarias: usar un lenguaje más preciso, plantear expectativas realistas y someterse a una crítica constructiva sobre la metodología de investigación.

El todopoderoso cerebro habita en las cabezas y hace y deshace: piensa, decide, manda, ama... mientras el yo, a su lado, siente que sobra. Esa podría ser la imagen que los neuroescépticos esbozan sobre la idea actual de la mente humana, es decir, de aquellos profanos e investigadores que observan las explicaciones de la neurociencia con recelo.

Los neuroescépticos dudan de que el estudio de neuronas y neurotransmisores se aproxime a la esencia del ser humano: la neuroeducación no ha conseguido revolucionar la formación en las escuelas, el neuroderecho tampoco ha cambiado el sistema judicial, ni la neuropsicología nos ha convencido de que somos marionetas a las órdenes de nuestro cerebro. ¿Consiste el amor solo en la excitación del sistema de recompensa? ¿Son los púberes víctimas de la modificación neuronal en el lóbulo frontal, centro de control cognitivo? ¿Acaso la creatividad surge de un simple flujo de información mental entre áreas corticales?

En representación de muchos neurocríticos, Ralf Caspary, periodista científico alemán, afirma sobre los estudios neurocientíficos: «No pueden alcanzar nuestra complejidad emocional y cognitiva porque dejan de lado al individuo, a su historia e historias». Según explica, sobre todo inquieta cómo con el biologismo de la mente se ha establecido como «una orientación al pensamiento de eficacia y eficencia radical». «Cuanto más investigamos nuestra naturaleza, más urgente nos parece optimizarla», señala.

Las dudas sobre el reduccionismo y el miedo ante la posibilidad de manipular a las personas contrastan entre sí. Si somos algo más que nuestro cerebro y las penas y alegrías que sentimos no pueden reducirse a él, ¿es necesario que temamos tanto a la neurotecnología del mañana? ¿O quizá creemos en la neurociencia más de lo que admitimos? El pensamiento, el sentimiento y el comportamiento humanos se encuentran siempre embutidos en relaciones extensas, sistemas sociales y condiciones socioculturales que superan con creces el plano de los genes y los neurotransmisores. No obstante, si no es en el cerebro, ¿dónde pueden confluir a la vez todos esos influjos? ¿A caso no es el sustrato neuronal la clave para que el ser humano se comprenda a sí mismo?

Artículos relacionados

Este artículo incluye

La neurointerdisciplinariedad: ¿realidad fecunda o publicidad engañosa?

    • Fernando Vidal

Sin una auténtica colaboración con las ciencias humanas y culturales, la neurociencia difícilmente logrará ahondar en la complejidad del ser humano.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.