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¿La conducta inapropiada duele o apesta?

El instinto visceral que nos guía en las decisiones morales está más asociado a la sensación de asco.

[iStock/master1305]

No juzgamos a nadie solo basándonos en ponderaciones racionales; también las sensaciones físicas influyen en cómo valoramos una situación. Durante mucho tiempo, en el campo de la psicología no ha habido consenso sobre si reaccionamos con dolor o asco ante el comportamiento éticamente inaceptable de otra persona (por ejemplo, corrupción o maltrato infantil). Ambas reacciones son desagradables, provocan una gran excitación y se fundamentan en patrones neuronales similares.

Corrado Corradi-Dell’Acqua, de la Universidad de Ginebra, y su equipo creen haber resuelto el dilema. Una vez en el escáner cerebral, pidieron a 52 voluntarios, 32 mujeres entre ellos, que leyeran diferentes dilemas morales antes de aplicarles un estímulo de calor en el pie o hacerles oler algo pestilente. También midieron las reacciones fisiológicas de los participantes a través de la conductancia de la piel.

El contenido moral de la mitad de los textos era neutro, los demás describían transgresiones éticas de límite, como el célebre dilema del tranvía desbocado. En este, cinco personas se hallan tumbadas y encadenadas a la carrilera. ¿Hay que desviar el tren para que circule por otra vía en la que morirá solo una persona? Este dilema provoca malestar en la mayoría de las personas.

¿Resultado? Los dilemas morales complejos reforzaban la reacción fisiológica a los malos olores, indican los autores. La reacción neuronal a la pestilencia también era mayor cuando los voluntarios leían una historia éticamente inaceptable. En cambio, los textos no tenían ningún efecto sobre la representación fisiológica y neuronal de los estímulos dolorosos. Así pues, el instinto visceral que nos guía en las decisiones morales también está más asociado a la sensación de asco que a la de dolor.

Fuente: Science Advances, 10.1126/sciadv.aat4390, 2020

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