Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Enero de 2009
Infancia

Cuidado del prematuro

El comienzo de la vida del niño prematuro es difícil. Con frecuencia supera sus primeras semanas sólo gracias a una técnica médica muy avanzada. La luz, los ruidos, los movimientos bruscos y otros estímulos ambientales le perjudican.

ISTOCK/HERJUA

Por la ventana de la sala de cuidados intensivos de la Clínica Universitaria de Heidel­berg no entra el sol del día de octubre. Las persianas, bajadas, le impiden el paso. No luce tampoco la potente iluminación que caracteriza a los hospitales. Antes bien, la severa presencia de algunas lamparillas apenas aporta algo de claridad para que las enfermeras no se desenvuelvan a obscuras. Hablan en voz baja y sus movimientos son pausados. En penumbra, los pequeños pacientes, prematuros diminutos. Las "incubadoras", cunitas de técnica refinada donde reposan los bebés con una temperatura de 33,5 oC y una humedad del 65%, se cubren con una manta gruesa.

¿Por qué son aislados del mundo exterior hasta tales extremos esos bebés? Johannes ­Pöschl, director del departamento de neonatología de la Clínica Universitaria de Heidelberg, lo expone con rotunda sencillez: "En condiciones normales, estos niños estarían todavía en el seno materno y allí se encontrarían protegidos de todos los estímulos que de repente reciben del mundo circundante".

En Alemania cada año nacen unos 60.000 niños prematuros. No han cumplido las 37 semanas de embarazo. Les falta al menos cuatro semanas para completar la duración normal de una gestación. De esos niños, unos 8000 nacen en el curso de la semana 30 y alrededor de 1000 lo hacen en la semana 24. Gracias a los avances de la técnica médica, a partir de ese momento es posible salvar al bebé, aunque se ve obligado a madurar no en el útero, que sería su ambiente natural, sino en un mundo para el cual su organismo todavía no está preparado.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.