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1 de Enero de 2009
Etología

Inteligencia animal

¿Cuán inteligentes son los insectos? Los neuroetólogos han descubierto reglas de una sencillez sorprendente que rigen la construcción de un termitero, la fabricación de una tela de araña y otras tareas complejas.

En una esquina de la cocina, sólo un palmo por encima de los viejos tablones, junto a una grieta en el rodapié, se escucha un zumbido monótono: una mosca ha quedado atrapada en una tela de araña. Apenas hace un ademán de aproximación nuestro arácnido, entra en escena otro congénere más corpulento. El primero deja la presa y se dirige, se diría amenazante, hacia el intruso. Pero no habrá ataque. Nuestro arácnido se retira dejando su botín al espécimen mayor.
Un comportamiento sorprendente en quien sólo dispone de un milímetro cúbico de tejido nervioso. En el caso de las arañas el comportamiento de ataque parece no limitarse sólo a arremeter contra la presa de una forma estereotipada. Las arañas evalúan la relación entre el hambre y el riesgo de resultar heridas en la caza. Por no hablar de las maravillosas obras de arte que constituyen sus redes, que requieren un grado notable de inteligencia espacial.

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