Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Nervios a flor de piel

Los trastornos psicológicos pueden ­empeorar algunas enfermedades cutáneas de manera virulenta. Las preocupaciones, las tensiones y el enojo agravan el eccema atópico, además de otras inflamaciones dermatológicas, pero ¿cómo?

Getty Images / -aniaostudio- / iStock

En síntesis

Los problemas psicológicos pueden empeorar las enfermedades dermatológicas. Ello repercute de manera negativa en el bienestar general.

El estrés crónico favorece la aparición de inflamaciones cutáneas a partir de la interacción compleja entre los nervios y el sistema inmunitario.

Los tratamientos psicosomáticos complementarios contribuyen a romper el círculo vicioso que se nutre de los problemas psicológicos y dermatológicos.

El 17 de enero de 1995 a las 5:46 horas se produjo un fuerte temblor en la tierra al sur de Japón. En tan solo 20 segundos, la catástrofe natural de Kobe acabó con la vida de 6000 personas y destruyó las casas de unos 300.000 habitantes. Esta violenta destrucción también pasó factura a la psique de los afectados. En los territorios devastados se multiplicó el número de casos de trastornos cardiovasculares condicionados por el estrés, en comparación con las zonas que se salvaron del terremoto.

Sin embargo, las tensiones psicológicas no afectaron solo al corazón de las víctimas. Atsuko Kodama, del Centro Médico de Cáncer de Osaka, observó cuatro años después, en 1999, que la catástrofe había empeorado de forma notable la neurodermitis de individuos que padecían dicha enfermedad de la piel antes del suceso: más de un tercio de estas personas presentaba un aumento de los eczemas acompañados de prurito.

Las personas con problemas dermatológicos saben que el enfado, las preocupaciones y las tensiones pueden complicar su dolencia. Las alteraciones dermatológicas, en especial las inflamatorias como la neurodermitis y la psoriasis (enfermedad autoinmunitaria que causa una fuerte descamación de la piel), empeoran en situaciones estresantes (un examen importante o una discusión con la familia, por ejemplo).

En numerosos casos, la raíz de estos trastornos de la piel se remonta a la infancia, tal y como demostraron en 2010 Edita Simoni´c y sus colaboradores de la Universidad de Rijeka. Encuestaron a pacientes con psoriasis y a participantes sin ese problema (grupo de control) acerca de sus experiencias traumáticas durante la niñez. Los afectados por la descamación informaron con mayor frecuencia sobre acontecimientos estresantes. Muchos comenzaron a padecer el problema al alcanzar la pubertad. Es probable que la inestabilidad emocional durante esta etapa vital agrave los efectos negativos de las vivencias traumáticas, presumen los científicos.

No obstante ¿cómo llegan las tensiones psicológicas a «penetrar la piel»? Según médicos y psicólogos, el estrés crónico altera el equilibrio de las defensas del organismo, en especial si la persona en cuestión no dispone de los recursos de afrontamiento adecuados. Cuando nos hallamos ante una situación estresante, los sistemas nervioso, hormonal e inmunitario reaccionan mediante un complejo mecanismo de adaptación. Por una parte, el cuerpo libera mayor cantidad de hormonas del estrés (adrenalina y noradrenalina). Estas aumentan a su vez la tasa cardíaca y la presión sanguínea, lo cual prepara al organismo para una posible huída. Además, las hormonas ponen en marcha procesos inflamatorios: las células del sistema inmunitario migran desde la sangre hacia los tejidos, con el fin de combatir a los potenciales desencadenantes de la enfermedad.

Otros artículos del informe especial Las huellas del estrés

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.