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1 de Marzo de 2013
Dermatología

Nervios a flor de piel

Los trastornos psicológicos pueden ­empeorar algunas enfermedades cutáneas de manera virulenta. Las preocupaciones, las tensiones y el enojo agravan el eccema atópico, además de otras inflamaciones dermatológicas, pero ¿cómo?

FOTOLIA / PIXEL & CRÉATION

En síntesis

Los problemas psicológicos pueden empeorar las enfermedades dermatológicas. Ello repercute de manera negativa en el bienestar general.

El estrés crónico favorece la aparición de inflamaciones cutáneas a partir de la interacción compleja entre los nervios y el sistema inmunitario.

Los tratamientos psicosomáticos complementarios contribuyen a romper el círculo vicioso que se nutre de los problemas psicológicos y dermatológicos.

El 17 de enero de 1995 a las 5:46 horas se produjo un fuerte temblor en la tierra al sur de Japón. En tan solo 20 segundos, la catástrofe natural de Kobe acabó con la vida de 6000 personas y destruyó las casas de unos 300.000 habitantes. Esta violenta destrucción también pasó factura a la psique de los afectados. En los territorios devastados se multiplicó el número de casos de trastornos cardiovasculares condicionados por el estrés, en comparación con las zonas que se salvaron del terremoto.

Sin embargo, las tensiones psicológicas no afectaron solo al corazón de las víctimas. Atsuko Kodama, del Centro Médico de Cáncer de Osaka, observó cuatro años después, en 1999, que la catástrofe había empeorado de forma notable la neurodermitis de individuos que padecían dicha patología de la piel antes del suceso: más de un tercio de estas personas presentaba un aumento de los eczemas acompañados de prurito.

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