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1 de Marzo de 2013
Inmunología

Protección mental

El estrés y el ajetreo ponen en situación crítica a las defensas del organismo. No obstante, las personas optimistas se encuentran vacunadas frente a ello. ¿Por qué? La respuesta se halla entre los sistemas nervioso e inmunitario.

Getty Images / posteriori / iStock (mano); Getty Images / photo5963 / iStock (virus)

En síntesis

En las fases de estrés sostenido nuestra resistencia inmunitaria pierde el equilibrio. De esta manera somos más vulnerables a infecciones y alergias.

El sistema inmunitario de los niños se muestra especialmente sensible a la sobrecarga psíquica. Las consecuencias pueden ser enfermedades inflamatorias graves en la adultez.

El optimismo y el buen humor refuerzan la resistencia; protegen de enfermedades a largo plazo.

Una fina capa de polvo cubre el billete de avión de Raquel Arenes (nombre ficticio). Desde hace semanas, esta estudiante relee impaciente una y otra vez las letras impresas en azul: «Madrid-Sydney». Unas oscuras ojeras enmarcan sus grandes ojos castaños. Se encuentra en el tramo final de los exámenes de licenciatura. Una vez los acabe: ¡por fin comenzará la aventura! Siempre ha soñado con dar la vuelta al mundo tras finalizar los estudios.

Sin embargo, apenas llega a Australia, la garganta le empieza a doler, también las extremidades, la cabeza le martillea; en fin, presenta los síntomas clásicos de una gripe. Durante la primera semana de su anhelado viaje no ve otro paisaje que las cenefas rojas de las sábanas de la cama del hotel.

«Enfermedad del ocio», han dado en llamar algunos expertos al fenómeno que experimenta Raquel. Tras semanas de estrés, el cuerpo da de sí y se debilita. Desafortunadamente, ello suele coincidir con el período vacacional. Con todo, Raquel no es de esas personas que sucumben con facilidad a las oleadas de gripe. «¿Qué ha perturbado a mi sistema inmunitario?», se pregunta.

El Antiguo Testamento ya revela que cuerpo y psique mantienen una estrecha interrelación. En los proverbios de Salomón se afirma: «Un corazón alegre es buena medicina, el espíritu abatido seca los huesos». Desde la década de los treinta del siglo xx, la medicina psicosomática cuenta como una rama científica independiente. Y en fecha más reciente se han desarrollado otras disciplinas médicas, entre ellas, la psicodermatología, la cual se centra en el estudio de la interacción entre mente y piel [véase «Nervios a flor de piel», por Angelika Bauer-Delto, en este mismo número]. De la alianza entre los sistemas nervioso e inmunitario surgió la psiconeuroinmunología.

Christian Schubert, de la Universidad Médica de Innsbruck, trabaja e investiga en este campo de la salud. «Bajo un estrés de corta duración, el sistema inmunitario se activa para proteger al organismo», explica. Pero si las «turbulencias» se prolongan en el tiempo, las personas son más propensas a enfermar. Según Schubert: «El cuerpo nos indica que nos hemos excedido». De hecho, cuando el herpes labial vuelve a aparecer, muchos individuos saben su significado: el esfuerzo fue excesivo.

Señales de peligro

El estrés permanente puede mermar de forma drástica la resistencia inmunitaria. Numerosos estudios documentan la influencia de la tensión permanente sobre la coagulación de la sangre, la inflamación y el éxito de las vacunas. También las heridas curan peor en períodos de estrés, según descubrieron en 2008 los investigadores del grupo de Jean-Philippe Gouin, de la Universidad estatal de Ohio en Columbia. Los científicos provocaron en el antebrazo de 98 voluntarios pequeñas ampollas por quemadura. En los ocho días siguientes registraron a diario el progreso de la curación. Según los resultado, los sujetos que se mostraban en especial irritables y controlaban con dificultad su enfado presentaban una formación de la costra más lenta en comparación con los probandos de ánimo más sereno.

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