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Dormir poco nos hace más sensibles al dolor

La falta de horas de sueño influye en la percepción del dolor físico.

Quien por la noche no duerme lo suficiente, al día siguiente no solo se encuentra cansado. Por lo general, también reacciona de forma más intensa a los estímulos dolorosos. A esta conclusión han llegado Adam J. Krause y su equipo de la Universidad de California en Berkeley. Los investigadores examinaron la sensación de dolor de 25 participantes sanos mientras se encontraban en un escáner cerebral y a los que aplicaban estímulos de calor cada vez más fuertes en la pierna. De promedio, los probandos informaban sobre una sensación desagradable a partir de una temperatura de casi 44grados Celsius.

A continuación, los científicos mantuvieron a los sujetos una noche entera despiertos en el laboratorio del sueño. Al día siguiente, repitieron el experimento del calor. Esta vez, los participantes empezaban a quejarse de dolores leves a partir de 41,6 grados.

Krause y sus colaboradores sugieren que la causa se halla en el cerebro de los voluntarios: cuando se les privaba de sueño, la corteza somatosensorial, que desempeña una función crucial en la percepción del dolor, reaccionaba con más intensidad a los estímulos de calor que cuando habían dormido lo suficiente. Por otro lado, disminuía la actividad en la ínsula y el núcleo accumbens. La primera se encuentra implicada en la estimación del dolor, mientras que el núcleo accumbens constituye una parte importante del circuito neuronal de recompensa, y puede amorti­guar el dolor a través de la liberación de neurotransmi­sores. «La privación de sueño no solo potencia la ­actividad en áreas del cerebro que “per­ciben” el ­dolor; al mismo tiempo, también bloquea los centros que se encargan de aliviar la sensación dolorosa», concluye Matthew P. Walker, otro de los autores del estudio.

Una investigación en línea con 230 adultos que registraron sus horas de sueño y sensibilidad al dolor durante varios días demuestra que los efectos son perceptibles también en el día a día. Al parecer, incluso un ligero desajuste del ciclo sueño-vigilia influye en la medida en que se tolera un dolor físico.

Los resultados confirman lo que ya se intuía a partir de los experimentos con ratones: la interacción entre el sueño y el dolor podría desembocar en un círculo vicioso, sobre todo, en pacientes con dolor crónico. De hecho, al menos una cuarta parte de los afectados padece un trastorno del sueño, según revelan los datos de la Fundación del Sueño de Estados Unidos. Los científicos sugieren que debería existir un mayor esfuerzo en promover un sueño de calidad entre la población.

Fuente: The Journal of Neuroscience, vol. 39, n.o 12, 2019

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