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«Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana.» Esta genialidad, que se atribuye a Albert Einstein, parece confirmarse a veces en el día a día. Pero ¿cómo se han desarrollado nuestras capacidades cognitivas en los últimos decenios?

Multitud de investigaciones nos permiten respirar tranquilos: durante los últimos cien años se observa una tendencia positiva. De 1909 a 2013, el cociente intelectual (CI) de la población mundial ha aumentado cuatro puntos por década. Al menos, en lo que a la inteligencia fluida se refiere, es decir, la habilidad de establecer conclusiones lógicas. Sobre los conocimientos del mundo (inteligencia cristalizada), el aumento es incluso dos puntos mayor. Este crecimiento constante del CI se conoce como efecto Flynn, nombre que alude a su descubridor: el científico y político James Flynn.

Así pues, una persona de principios del siglo xxi con una inteligencia media obtendría un resultado superior en el test de CI que su antepasado de principios del siglo xx. Y, según algunos estudios, los humanos de hoy en día tenemos una puntuación en la escala del CI dos puntos por encima con respecto a las generaciones anteriores. Ello se correspondería, aproximadamente, con la diferencia entre una persona de inteligencia media y otra superdotada.

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