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1 de Noviembre de 2017
Retrospectiva

Charles Scott Sherrington, sinapsis y reflejos

El premio nóbel Charles Scott Sherrington abordó el funcionamiento del sistema nervioso desde una doble óptica anatómica: la neurona y la sinapsis. Tal manera de pensar no solo le distinguió de todos los neurofisiólogos de su tiempo, sino que le valió para apuntalar la teoría cajaliana de la neurona.

El neurofisiólogo británico Charles Scott Sherrington (1857-1952) recibió en 1932 el premio Nobel de fisiología o medicina por sus hallazgos sobre las funciones de las neuronas. [CORTESÍA DE LA BIBLIOTECA NACIONAL DE MEDICINA / DOMINIO PÚBLICO]

En síntesis

La naturaleza del fenómeno de la neurotransmisión ha recibido en el curso de la historia tres interpretaciones básicas: una humoral, otra mecanicista y una tercera, electroquímica.

El concepto de sinapsis introducido por Charles Scott Sherrigton en 1897 contribuyó a dirimir el enfrentamiento entre la teoría reticularista de Golgi y la neuronal, de Ramón y Cajal.

Sherrington postuló la hipótesis sináptica para describir las interacciones entre reflejos. De acuerdo con la misma, la información viaja de una neurona a otra a través de un pequeño intervalo entre ambas células: la sinapsis.

Corría el año 1897 cuando el neurofisiólogo británico Charles Scott Sherrington (1857-1952) requirió la ayuda de un experto en lenguas clásicas llamado Arthur Verrall (1851-1912) para ponerle nombre al hiato activo entre una neurona y otra. El neologismo que esa colaboración produjo no solo haría fortuna por su precisión, sino que terminaría por convertirse en piedra angular de la neurofisiología moderna. Había nacido la sinapsis. Tal concepto emergió, además, en el marco de la contracción muscular, más en concreto, de la locomoción, una cuestión que ocupaba a médicos y científicos desde hacia 2400 años; desde Platón y Aristóteles, en el siglo iv a.C.

A lo largo de ese tiempo, el fenómeno de la neurotransmisión recibió tres interpretaciones. Una primera, de naturaleza humoral, la formularon los griegos de la antigüedad clásica (escuela alejandrina) y llegó a perdurar, gracias a Galeno, nada menos que hasta el sigloxvi [véase «Galeno de Pérgamo (ca. 130-200)», por J.M.López Piñero, Mente y Cerebro n.o 22, 2007]. Era la teoría de los espíritus animales. Durante los siglos xvii y xviii predominó una explicación puramente mecánica, la cual se desarrolló sobre la base de la concepción cartesiana (cuerpo y alma). Por último, la interpretación electroquímica emergió en el siglo xix y coincidió con la llegada de disciplinas científicas novedosas, entre ellas la anatomía microscópica represen­tada por Santiago Ramón y Cajal y la fisiología de ­Sherrington.

La teoría celular aplicada al sistema nervioso

Pero la ciencia suele avanzar de manera imprevista. Si bien el botánico alemán Matthias Jakob Schleiden (1804-1881) había señalado en 1838 que las células constituían la unidad básica de la vida vegetal, y el fisiólogo y naturista Theodor Schwann (1810-1882) extendió la idea a los animales un año después, la comprensión del sistema nervioso se resistió a esta teoría; al menos durante seis o siete decenios. Incluso después de que el anatomista, fisiólogo, embriólogo y zoólogo Rudolf Albert von Kolliker (1817-1905) demostrara que las fibras nerviosas pro­cedían de las neuronas y que el anatomista alemán Otto F. K. Deiters (1834-1863) separara axones y dendritas, se pensaba que el sistema nervioso constaba de una red interconexa.

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