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1 de Noviembre de 2017
Personalidad

Ego al límite

Las personas con una autoestima elevada se diferencian de las que presentan un narcisismo patológico. ¿Cómo se establece la diferencia entre unas y otras? El límite se antoja difuso.

«Podría estar en la Quinta Avenida, matar a alguien de un tiro y no perdería ni un solo votante»
—Donald Trump el 23 de enero de 2016
[GETTY IMAGES / POOL / JIM LO SCALZO]

En síntesis

El narcisismo es un concepto controvertido: designa un rasgo de la personalidad con aspectos positivos y negativos, pero también una forma de trastorno de la personalidad.

La autoestima y el narcisismo se encuentran relacionados solo en cierto grado. Posiblemente, los narcisistas poseen una autoestima más elevada, aunque menos sólida.

El narcisismo patológico conduce, al contrario que la seguridad en uno mismo, a que la persona se sienta humillada con ­facilidad y a que menosprecie a los demás.

Quererse a uno mismo resulta útil: la imagen positiva contribuye a que nos sintamos valiosos, a aceptarnos tal como somos y a que mantengamos relaciones más afectuosas. Pero ¿qué ocurre cuando esa sensación rebosa por los cuatro costados de nuestro ego; cuando nos consideramos los más grandes y rechazamos la compañía de personas cortadas con ese mismo patrón? En una sola pregunta, ¿qué sucede cuando se transforma la autoestima sana en un narcisismo pernicioso?

Desde hace algunos años, el narcisismo está en boca de todos. Personas de la vida pública como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el rapero Kanye West o Madonna, icono de la música pop, invitan a hablar de ese tipo de personalidad. Incluso en ocasiones se etiqueta de «ególatra» a una generación entera. Con todo, el significado de ese término parece ambiguo, tanto en el lenguaje cotidiano como en la psiquiatría clínica. Coloquialmente, tildamos a una persona de narcisista porque es egoísta, vanidosa y está enamorada de sí misma. No obstante, la psicología de la personalidad considera el narcisismo un rasgo normal que se presenta en la población como puede ser la estatura o la inteligencia. La mayoría de los sujetos se encuentran en la zona ­media; los valores extremadamente altos o bajos son menos usuales.

El cuestionario psicológico sobre narcisismo más utilizado evalúa tres características principales: pretensión de autoridad y pensamiento de liderazgo («Soy un líder nato»), inclinación hacia la autorrepresentación («Me gusta ser el centro de atención») y conducta explotadora («Me resulta fácil manipular a los demás»).

Los rasgos de personalidad narcisista no suponen automáticamente un problema. «Con frecuencia, las personas con un narcisismo moderado son entusiastas, están orientadas a la acción y suelen salirse con la suya», describe Reinhard Haller, psiquiatra y jefe médico del Hospital Maria Ebene en Voralberg. Así pues, depende de la dosis. A esta conclusión llegó también un metanálisis publicado en 2015 que analizaba numerosos estudios sobre la relación entre narcisismo y carrera profesional. Los investigadores del equipo de Emily Grijalva, de la Universidad de Búfalo, constataron la extendida creencia de que los narcisistas ocupan los puestos de dirección. Ahora bien, los datos no confirmaron que eran adecuados para esos cargos: los directivos que se declaraban narcisistas fueron igual de mal valorados por sus superiores y empleados que los especialmente modestos. Al parecer, el grado óptimo de narcisismo en el mundo laboral se sitúa en un término medio.

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