Espejito mágico

La mayoría de las personas no entendemos del todo cómo funcionan los espejos, lo que permite la creación de divertidos engaños.

CORTESÍA DE KOKICHI SUGIHARA

Estamos rodeados de espejos todo el día, sea al volante, en el baño cuando nos aseamos o para comprobar nuestro aspecto antes de salir a cenar con los amigos. Pero, a pesar de su ubicuidad, resultan un tanto misteriosos. En la literatura de ficción y en los cuentos populares pueden convertirse en pasadizos que conducen a reinos espirituales, mágicos o sobrenaturales; incluso pueden expulsar a los vampiros desalmados que se encuentran entre nosotros. También pueden servir para invocar al legendario fantasma que habita en ellos si se pronuncia un determinado número de veces el nombre del ente (Verónica o María Sangrienta en la versión española; Bloody Mary, en la estadounidense) frente a un espejo. Y el famoso Espejo de Oesed que aparece en las novelas fantásticas de Harry Potter posee el poder de mostrar el deseo más hondo de quien se mira en él.

Es posible que el encanto que nos producen los espejos se deba, en parte, a que con frecuencia desafían nuestras expectativas. No solo nos resulta desconcertante la inversión derecha/izquierda de las superficies reflectantes, sino que muchas de nuestras intuiciones sobre el funcionamiento de los espejos son totalmente erróneas. El psicólogo Marco Bertamini, de la Universidad de Liverpool, y otros científicos han identificado tres convicciones equivocadas, pero comunes, en torno a los espejos.

En primer lugar, las personas prevén que se verán reflejadas en el espejo antes de colocarse frente a él. En otras palabras, sobrestiman la imagen visible en un espejo. Se trata del llamado error inicial. En segundo lugar, casi todos los humanos suponen que su proyección en el espejo (el perfil que podría contornearse en la superficie con un rotulador) tiene el mismo tamaño que su cuerpo. Falso. Las dimensiones del reflejo, cual las vemos, son la mitad del tamaño corporal real. Y tercero, tiende a pensarse que el reflejo de la propia imagen se contraerá con la distancia: si nos alejamos lo suficiente nos podremos ver de cuerpo entero. Sin embargo, la distancia no afecta al tamaño de la proyección de un cuerpo. Por otro lado, ciertas investigaciones revelan que algunas personas consideran los objetos reflejados menos reales que los no reflejados. Las ilusiones que presentamos en este artículo sacan partido de los escasos conocimientos que tenemos sobre los espejos.

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