TRASTORNOS PSICOSOMÁTICOS

Alarma en el estómago

A causa de problemas en el trabajo o con la pareja, numerosas personas sufren diarrea, dolor de vientre o acidez. ¿Hasta qué punto se hallan relacionados el estómago y el intestino con la psique?

[ALEKSEJ SARIFULIN/ GETTY IMAGES/ ISTOCK]

En síntesis

Cuando nos sentimos amenazados, se modifica la actividad del estómago y en el intestino con el fin de reunir fuerzas para luchar o huir. Una hormona inhibe el movimiento del estómago y acelera la digestión en el intestino para liberar con rapidez el alimento.

Existen problemas estomacales e intestinales que pueden tener causas psíquicas: el estrés intenso antes de un examen provoca diarrea en algunas personas. El estrés crónico, úlceras gástricas o irritación en el intestino.

En el colon irritable, las molestias resultan más intensas que las causas orgánicas visibles. Una terapia cognitivo-conductual o la autosugestión pueden ayudar a percibir como menos peligrosas las reacciones del estómago y del intestino.

Per Mertesacker jugó más de 500 partidos durante su época de futbolista profesional. Las horas previas a los encuentros se convertían siempre para él en una tortura: «De la cama tenía que ir rápido al baño, del desayuno al baño, de la comida al baño y en el estadio, de nuevo al baño», declaró poco antes del final de su carrera, en 2018, en una entrevista para la revista alemana Der Spiegel. Unos segundos antes del pitido inicial, apenas podía soportar la tensión: «El estómago se me giraba, como si tuviera que vomitar».

Los profesionales del fútbol ganan grandes cantidades de dinero, pero también están sometidos a una fuerte presión: cada pérdida de balón es grabada por las cámaras; cada error es discutido por cientos de miles de aficionados tras el pitido final. El cuerpo de Mertesacker siempre reaccionaba a ello con el mismo patrón durante 15 años. En su caso, frecuencia y duración de los síntomas son sin duda extremos. Pero el fenómeno de base es conocido por muchas personas: el estrés afecta al estómago y al intestino. ¿Por qué motivo?

La pregunta dista de ser trivial, pues básicamente el tubo digestivo trabaja siempre de forma autónoma. Para ello dispone de su propia red, el sistema nervioso entérico (SNE). Podemos imaginárnoslo como un cerebro en el vientre, una especie de central de mandos y de conexiones que cuenta con un arsenal de distintos programas de comportamiento del tubo digestivo y escoge el más apropiado según la situación.
Con esa finalidad, el SNE recibe información de una inmensa red de sensores. Por ejemplo, siempre sabe con exactitud dónde se encuentra el quimo y, según su localización, coordina la musculatura de la digestión: hace que el intestino se contraiga y después se relaje para que el alimento en forma de quimo (una suerte de masa pastosa y agria) siga desplazándose. A continuación, controla la liberación de las secreciones digestivas y la absorción de las sustancias nutritivas. En principio, todo funciona sin el cerebro: si se extraen los intestinos de un conejillo de indias y se colocan en una solución nutritiva, siguen funcionando casi con normalidad durante días.

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