Cómo aprenden los niños

En los primeros años de vida, los niños aprenden sin esfuerzo. Su instinto precoz para los patrones y las regularidades del entorno también se refleja en el cerebro

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En síntesis

En los primeros años de vida, en comparación con años posteriores, los niños aprenden rápido, sin esfuerzo y de forma automática. Por ejemplo, comprenden de forma intuitiva las reglas gramaticales de un idioma.

A lo largo de la infancia, esas estrategias implícitas van perdiendo importancia. Los niños más mayores y los jóvenes van adquiriendo conocimientos de forma cada vez más explícita, al igual que lo hacen los adultos.

Este cambio depende de la madurez del cerebro, sobre todo del hipocampo y de la corteza prefrontal. Cuando esta se inhibe en los experimentos, los adultos muestran mecanismos de aprendizaje similares a los de los niños.

Durante el desayuno, Marie le explica a Andy, su anfitriona de 5 años: Look, my cereals are swimming! («¡Mira, mis cereales están nadando!»). La pequeña estadounidense mira con expresión crítica a la niña alemana que está de intercambio escolar en su casa y la corrige muy convencida: They are not swimming, they are floating! («No están nadando, están flotando»).

¿Por qué los niños aprenden aparentemente sin esfuerzo los matices sutiles de su idioma materno? Al fin y al cabo, Andy nunca se había parado a pensar que en inglés se usan verbos diferentes para los objetos animados y los inanimados (como «nadar» y «flotar»). Sin embargo, incluso después de varios años, los adultos no consiguen interiorizar así de bien la gramática de una lengua extranjera.

Por lo general, los niños no solo aprenden idiomas con mayor facilidad que los adultos. También en otros campos, como la música o el deporte, las personas que se iniciaron en la infancia temprana llevan ventaja. Ello no solo depende de que tuvieran más tiempo para practicar esas actividades.

En 1989, las psicólogas Jacqueline Johnson, por entonces en la Universidad Cornell, y Elissa Newport, de la Universidad de Illinois, constataron en un estudio que los coreanos y chinos que habían emigrado a Estados Unidos con 7 años de edad o menos dominaban la gramática inglesa a un nivel semejante al de los hablantes nativos. Este hallazgo sugiere que a temprana edad se aprende de manera especialmente eficaz.

Sin embargo, la comparación de grupos existentes (como el de niños que a mayor o menor edad han tenido contacto con un idioma nuevo) no permite determinar ninguna conclusión causal: no podemos deducir si los niños que aprenden una segunda lengua en los primeros años de vida son mejores debido a su edad. Antes bien, podría ser que los niños más pequeños reciben mayor apoyo en el nuevo hogar que los de más edad. O que los padres prestan más atención a los hijos de menor edad y les ofrecen más oportunidades de aprendizaje. La cantidad y el tipo de experiencia lingüística tampoco pueden controlarse en estos estudios. Por ello, los investigadores utilizan a menudo idiomas inventados para comprender cómo aprenden los bebés y los niños y si los mecanismos que utilizan difieren de los que emplean los adultos. Todo apunta a que esa es la respuesta.

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