Conocer la propia memoria

Para el aprendizaje resulta útil valorar de manera correcta la propia capacidad memorística y sus límites. La llamada «metamemoria» ayuda al estudio y, con un par de trucos, puede mejorarse si hace falta

[DONY/ GETTY IMAGES ISTOCK]

En síntesis

Se denomina metamemoria al conocimiento de la memoria en general y de la propia en particular. Contiene suposiciones correctas pero también falsas (por ejemplo, sobre estrategias de aprendizaje supuestamente útiles) e incluye la supervisión y el control de los procesos de aprendizaje y memoria.

Las estimaciones erróneas ponen de manifiesto que los humanos no poseemos acceso directo a esos procesos, sino que nos apoyamos en información externa, en parte irrelevante (como el tamaño de la letra para memorizar mejor el contenido de un texto o el formato digital como facilitador del aprendizaje).

Las personas que evalúan de forma realista sus avances en el aprendizaje
y detectan a tiempo las propias lagunas de conocimiento pueden evitar
sorpresas indeseadas (suspender, por ejemplo) y aumentar su rendimiento.
Para ello resulta útil evaluar de manera activa las propias capacidades, tomando
distancia temporal respecto a la adquisición de conocimientos.

Recordamos acontecimientos que quedaron muy atrás, disponemos de información de los más variados campos del saber y podemos acordarnos de un amplio vocabulario de idiomas extranjeros. Al mismo tiempo, tenemos fallos de memoria fastidiosos: nos olvidamos de una cita programada, se nos escapa el nombre de un pariente lejano o no recordamos la contraseña que hemos introducido mil veces en el ordenador. Estas fortalezas y debilidades de la memoria se hallan relacionadas muy estrechamente con la certeza que tenemos sobre el propio aprendizaje y nuestra memoria.

Por tanto, quien valora de forma adecuada los límites de su memoria puede evitar situaciones indeseadas, en la medida en que recurre a ayudas, como puede ser una lista de la compra, notas en la nevera o un calendario electrónico. La persona que sabe que tiene dificultades para recordar nombres puede escuchar con especial atención cuando le presentan a alguien. Quien reconoce que se concentra mejor en un entorno tranquilo puede buscar un lugar de silencio. Y el estudiante que sabe que no le funciona una técnica de aprendizaje determinada puede intentar aplicar otras estrategias.

Desde la década de 1970, el conocimiento sobre los procesos de memoria y la propia forma de aprender y recordar se denomina metamemoria. Desde entonces se ha ido investigando de manera exhaustiva en psicología, filosofía, ciencias de la educación y otras disciplinas afines. A menudo se distinguen tres facetas de la metamemoria: el conocimiento metacognitivo, los procesos de supervisión metacognitivos y los de control metacognitivos. Por el primero se entienden convicciones y opiniones sobre cómo aprendemos o recordamos. Para ello se tienen en cuenta suposiciones generales (entre ellas, que la memoria empeora con la edad o que al aprender idiomas es útil apuntar pares de palabras) y opiniones relacionadas con la propia forma de aprender y recordar.

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