Drogas recreativas frente al trauma

El MDMA, sustancia que contiene el éxtasis, puede mejorar de forma notoria el efecto de la psicoterapia en los casos de trastorno por estrés postraumático

[STRELOV / STOCK.ADOBE.COM]

En síntesis

Las personas que han vivido un trauma grave deben superar los miedos que ha generado esa experiencia ara tratar su trastorno psicológico.

Suele ser doloroso y en muchos casos difícil sobreponerse de una vivencia traumática mediante las estrategias de terapia habituales.

La administración de MDMA puede facilitar el proceso. Dicha droga actúa como «facilitador» social y ayuda a enfrentarse al miedo.

Una ventana al alma. Con estas palabras definió el químico Alexander Shulgin la llamada 3,4-metilendioximetanfetamina (MDMA) tras fabricarla en su laboratorio y experimentar sus efectos él mismo junto con sus amigos. La sustancia se convirtió en su droga favorita. Aunque se conocía desde 1912, su recorrido como droga se inició en la década de 1960; poco después se generalizó el término «éxtasis» para denominar las pastillas cuyo componente principal es el MDMA.

A finales de la década de 1970, algunos expertos utilizaban esta sustancia como tratamiento complementario de la psicoterapia. Los partidarios de la psicoterapia psicolítica estaban convencidos, y lo siguen todavía hoy en día, de que las sustancias psicoactivas generan un estado de consciencia en el que las personas se manifiestan más receptivas a la labor terapéutica. Algunos de esos profesionales habían experimentado con LSD hasta que lo prohibieron, y vieron el MDMA como una alternativa. Pero en 1986 se le puso punto final a esa idea: antes de que pudiera investigarse el potencial terapéutico de la droga, se prohibió en casi todo el mundo.

No obstante, como es bien sabido, la historia no termina aquí. En los años noventa, el éxtasis se convirtió en la droga por excelencia de la cultura tecno. El MDMA reduce la sensación de cansancio y permite a quienes están de fiesta pasarse la noche bailando. Su efecto estimulante se parece al de la anfetamina, aunque hay otros aspectos en los que se diferencian: el MDMA es un entactógeno (literalmente, «entra en contacto con el interior»). Después de consumirlo, tarda unos 30 minutos en hacer reacción y su efecto dura entre cuatro y seis horas. Además de acelerar el ritmo cardíaco, intensifica las emociones de quienes lo consumen y les causa una sensación de euforia.

El MDMA también favorece la disposición a centrarse en la propia vida interior, a prestar atención a los demás y a establecer contacto con ellos. Muchos usuarios hablan de conversaciones particularmente de confianza y profundas tras consumir la droga. Además, se sienten más relajadas que cuando no han consumido nada. En un estudio llevado a cabo por el equipo de Gillinder Bedi, de la Universidad de Melbourne, los participantes se mostraron más afectivos tras consumir MDMA. Sin embargo, presentaban más dificultades para interpretar las expresiones de miedo en la cara de otras personas en comparación con los participantes que habían recibido un placebo. Según comprobaron en una investigación Cédric Hyek, quien por entonces trabajaba en la Universidad de Basilea, y su grupo, las personas que consumían la sustancia también obtenían mejores resultados a la hora de reconocer emociones positivas (entre ellas, amabilidad o alegría) cuando les mostraban imágenes de la zona de los ojos. Las miradas hostiles, en cambio, las percibían con menor intensidad. Al parecer, el éxtasis nos hace ver todo de color de rosa.

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