Las dos caras de la autoestima

¿Por qué unas personas gozan de una autoestima elevada y otras la tienen por los suelos? ¿Cómo influye el propio yo en ello? ¿Y el entorno? ¿Se puede modificar la baja autoestima? Sin duda, las terapias ayudan

En síntesis

La autoestima aflora en numerosas ocasiones y produce siempre un efecto en nosotros. Ello se debe a que se entreteje con el éxito o fracaso de nuestros objetivos personales, convirtiéndose en una suerte de evaluación personal continua.

Por lo común, la autoestima se origina durante los primeros años de vida y en el entorno familiar y social primario. A partir de las opiniones que el niño recibe de los demás sobre sí mismo, en su mente se va formando una opinión y una estimación propias.

Pero la autoestima no es un rasgo de la persona, sino de un estado mental que cambia en el día a día a tenor de cómo vayan variando el autoconcepto y el criterio de autoevaluación que se utilicen en cada situación.  

Qué similitud presentan estas cuatro situaciones? Un estudiante se siente orgulloso porque ha obtenido la buena calificación que pretendía; un emigrante ha recibido la calurosa bienvenida que esperaba de sus compatriotas, y una adolescente ha visto como elogiaban su peinado y vestimenta, como deseaba. Ahora, encuentre la semejanza entre estas tres otras escenas: una persona se siente fatal consigo misma por sus kilos de más; una empleada lamenta que su supervisor no la haya promocionado, y un treintañero acaba de saber que su pareja lo ha abandonado.

Todas las situaciones expuestas afectan, para bien o para mal, la autoestima de sus respectivos protagonistas. Por una sencilla razón, a saber, implican objetivos personales por los que apuestan. Así, en los primeros ejemplos, las circunstancias elevan la autoestima de los implicados; en los últimos, la disminuyen. De hecho, son múltiples las ocasiones en las que aflora nuestra autoestima y producen un
efecto en nosotros. Ello se debe a que la autoestima se entreteje con el resultado —sea un logro o un fracaso— que obtengamos en nuestros objetivos personales, convirtiéndose en una suerte de evaluación personal continua. Si conseguimos lo que queremos, disfrutaremos de una autoestima elevada, pero si fracasamos, caerá la autoestima y se afectará nuestro autoconcepto. Así pues, la autoestima es la moneda de cambio con la que bien cobramos o bien pagamos según nos vayan las cosas. Además, tiene una característica añadida: en ciertas condiciones, se activa y funciona de manera automática, y no logramos sustraernos de ella.

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