Ave mañanera, agitada y ligera

A los "mochuelos" se les tacha de "flojos". Es un error.
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Puede que las aves madrugadoras consigan los mejores gusanos o que, al menos, cierren los mejores tratos en la feria de las oportunidades. Pero también se agotan antes que las nocturnas. Christina Schmidt, Philip­pe Peigneux y su grupo de la Universidad de Lieja, pidieron a 16 "alondras" --individuos muy madrugadores-- y a 15 noctívagos "mochuelos" que durante una semana se atuvieran a sus regímenes de sueño acostumbrados. Los probandos pasaron después dos días en un laboratorio, donde continuaron con sus pautas de sueño habituales y fueron sometidos a pruebas de cognición instalados en un escáner de resonancia magnética funcional.
"Alondras" y "mochuelos" se hallaban igual de alerta tras llevar despiertos una hora y media, sin presentar diferencias en la actividad cerebral asociada a la atención. Ahora bien, transcurridas 10 horas y media de vigilia, las aves nocturnas se hallaban más alerta, y su tiempo de reacción era menor en tareas que exigían una atención sostenida; exhibían, además, más actividad que los madrugadores en áreas cerebrales asociadas a la atención. Y lo más importante: una de tales regiones es el área supraquiasmática, sede de nuestro "reloj" circadiano. Esta región envía señales que refuerzan la atención al ir aumentando el deseo de acostarse y dormir. Los madrugadores, a diferencia de los noctívagos, no recibían tal refuerzo en las horas tardías. Peigneux afirma que, en los madrugadores, la rápida activación de la necesidad de dormir parece impedirles sacar pleno provecho de la señal circadiana, lo que no les ocurre a las aves nocturnas.

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