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Como un libro abierto

Nuestra afición por contar historias revela el funcionamiento de la mente.
dierk schaefer
Cuando Brad Pitt le dice a Eric Bana en Troya, el largometraje de 2004, que "no es posible la alianza entre los leones y los hombres", no está recitando una frase inteligente salida de la pluma de un guionista de Hollywood. Está pronunciando, en inglés, las palabras de Aquiles, tal y como las escribió Homero, en griego, hace más de 2000 años, en la Iliada. El relato de la guerra de Troya ha cautivado a muchas generaciones en su evolución desde sus orígenes como épica oral hasta las versiones escritas y, finalmente, las adaptaciones cinematográficas. El poder de esta historia para trascender el tiempo, la lengua y la cultura está claro incluso hoy. Lo evidencia el gran éxito de Troya en todo el mundo.
Sin embargo, los relatos populares van mucho más allá del entretenimiento. Ultimamente, los psicólogos y neurocientíficos están fascinados con la predilección humana por contar historias. ¿Por qué nuestro cerebro parece estar programado para disfrutar de los relatos? Y ¿cómo influyen los efectos emocionales y cognitivos de una narración en nuestras creencias y decisiones en el mundo real?

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