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1 de Mayo de 2010
Psicología

Síndrome de Diógenes

Los afectados por este trastorno sólo a duras penas pueden separarse de los objetos inútiles, por eso se hunden cada vez más profundamente en el caos. Los estudios neurocientíficos muestran las diferencias que existen en el cerebro de los acumuladores.
RANDY O. FROST
"Acumular cosas no es realmente el problema", afirma Sabina R, "sino deshacerse de ellas". Su piso de 60 metros cuadrados es un completo desbarajuste lleno de cosas que ha dejado de usar hace mucho tiempo, pero de las que le resulta muy penoso tener que desembarazarse. Por todos lados se apilan libros amarillentos, carpetas con viejas facturas, incluso varios juegos de vajillas sin usar. Tampoco ha podido separarse, con 51 años cumplidos, de la documentación perteneciente a su carrera universitaria. Sabine padece el síndrome de Diógenes.
A diferencia de la gente que sólo es "un poco desordenada", estos pacientes están inmersos en el caos, algunas veces literalmente. Tan sólo pueden recorrer su piso por estrechos senderos abiertos en una jungla formada por todo tipo de trastos. Unos pocos de los afectados acumulan además basura y viven en medio de la suciedad y la porquería. Pero, a pesar de ser una minoría, son estos casos extremos los que han establecido la imagen de los afectados por este síndrome en los medios. Este factor repugnante no es tampoco imprescindible para que el desbarajuste deteriore masivamente su vida: por vergüenza, Sabine, como la mayoría de los que padecen este trastorno, no deja entrar a nadie en su piso. El contacto social se ha perdido. El miedo a ser descubierta por la familia, por los compañeros o por el casero es un acompañante permanente.

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