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1 de Septiembre de 2005
Memoria

Labilidad de la memoria autobiográfica

Las vivencias de bombardeos y destierros se graban profundamente. Pero no todo lo que recuerdan haber presenciado los testigos ha sucedido según retienen.

ALLEGORIE DER GÜTE, DE RICHARD PETER, DEUTSCHE FOTOTHEK / CC BY-SA 3.0 DE

En síntesis

Pueden alimentarse falsos recuerdos a partir de fuentes muy diversas, que trascienden lo vivido por uno mismo. Se trata de la amnesia de las fuentes.

Para que los sucesos queden almacenados en la memoria, no necesitan pasar antes por la retina:
los procesamientos visuales e imaginados se solapan parcialmente.

La historia y la memoria son dos realidades diferentes. En la transmisión de recuerdos, los sentimientos ejercen una función importante.

En la conferencia de Helmut Schnatz, dictada hace unos años, saltó el escándalo. Entre los asistentes al acto había muchas personas mayores de Dresde, testigos directos del horrible ataque sufrido por su ciudad los días 13 y 14 de febrero de 1945. Excitados, contaban que, tras el derrumbe de los edificios, los aviones británicos habían ido a la caza, en vuelo rasante, de los que huían de las llamas hacia las orillas del Elba o el gran parque.

Schnatz, historiador riguroso, explicaba pacientemente que los hechos desmentían ese recuerdo. Los bombardeos levantaron tal columna de fuego, que era imposible que los pilotos volaran sobre la ciudad a baja altura para atacar a las personas, una a una. El análisis de los planes de ataque y de los partes de las incursiones aéreas británicas no ha suministrado tampoco ninguna prueba de tales cazas del hombre.

Aunque lo expuso con precaución y prudencia, el investigador consideraba la historia del vuelo rasante un mito que se perpetúa hasta hoy en el recuerdo de muchos ciudadanos. Pero los oyentes se mostraban airadamente indignados. ¿No habían visto con sus propios ojos los «plateados caza Mustang» (un avión que realmente intervino en la guerra aérea) y a las personas que huían despavoridas? En una emisión de la segunda cadena de la televisión alemana con ocasión del 60aniversario del bombardeo de Dresde, los testigos evidenciaron su estupor ante las «mentiras» de Schnatz.

Que los recuerdos pueden ser una cuestión espinosa se puso de manifiesto también en la campaña a las elecciones nor­teamericanas de 1980. El candidato Ronald Reagan (1911-2004) repetía, en los actos públicos, con lágrimas en los ojos, sus vivencias de paracaidista durante la Segunda Guerra Mundial. El piloto del bombardero, contaba, había pedido a la tripulación que saltaran, pues el aparato había sido alcanzado. Pero un joven soldado se encontraba tan gravemente herido que no podía abandonar la nave. En ese momento, el heroico capitán dijo: «No te preocupes, hijo. Juntos haremos que este cajón toque tierra».

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