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La autenticidad personal, en entredicho

Los expertos ponen en duda que el «yo verdadero» sea un constructo científicamente viable.

Getty Images / Filograph / iStock

En síntesis

Pese a su extendido uso, tanto por parte de la población general como de los libros de autoayuda, no existe consenso entre los psicólogos sobre el significado de autenticidad. Tampoco se dispone de un método de evaluación fiable, pues su medición se basa principalmente en el autoinforme. Mas la raíz del problema se encuentra, al parecer, en el concepto del «yo verdadero»: la mayoría de las personas le atribuyen los aspectos positivos de sí mismas y descuidan las negativas. 

Las personas tienden a sentirse más auténticas cuando actúan según los cánones sociales o experimentan vivencias similares a las de los demás, aunque cada uno sea único. Por el contrario, puede hablarse de una «autenticidad saludable». Se trata de un proceso continuo de descubrimiento, con consciencia de uno mismo y honestidad e integridad sobre los valores y las metas que se escogen de manera consciente. Para ello, el primer paso consiste en desprenderse de los propios sesgos de positividad y contemplarse a sí mismo como se es, con todas las contradicciones y complejidades.

La autenticidad es uno de los rasgos más valorados en nuestra sociedad. De niños nos enseñan que debemos ser «nosotros mismos», y de adultos podemos escoger entre una gran oferta de libros de autoayuda que nos dirán lo importante que es conectar con nuestro «yo verdadero». Se da por hecho que la autenticidad es un fenómeno real y que merece la pena cultivarla. 

En los últimos años ha surgido incluso la ciencia de la autenticidad, con cientos de artículos en revistas, conferencias y talleres. Pero cuanto más tratan los científicos de analizar la autenticidad, más turbias se vuelven las aguas. Se están desmontando numerosas ideas populares sobre ella. La autenticidad es un enredo absoluto.  

Un concepto desdibujado

Un gran problema de la autenticidad es la falta de consenso que existe, tanto entre el público general como entre los psicólogos, acerca de qué significa que algo o alguien sea auténtico. ¿Es una persona más auténtica cuando es coherente con sus estados fisiológicos, emociones y creencias, independientemente de los que sean? ¿Acaso se es más auténtico cuando se es coherente con las creencias, las actitudes y los valores que se han elegido de manera consciente? ¿Qué ocurre si se es coherente a través de las diversas situaciones y los roles sociales en la vida? ¿Qué forma de «ser fiel a uno mismo» supone la autenticidad real? ¿Fue aquella vez que llamamos la atención al camarero o la otra en que no le dijimos qué pensábamos sobre su mal servicio porque valoramos la amabilidad y somos fieles a nuestros principios morales? 

Otro asunto espinoso es cómo evaluarla. Prácticamente todas las mediciones de la autenticidad implican instrumentos de autoinforme. Sin embargo, las personas a menudo desconocen cómo son o por qué hacen lo que hacen. Por ello, una prueba que pide al participante que informe sobre su grado de autenticidad es poco probable que constituya una media precisa.

No obstante, es posible que el tema más delicado de todos sea la noción del «yo real». El psicoterapeuta Carl Rogers señaló que a muchas de las personas que acuden a su consulta les invade la pregunta «¿Quién soy yo realmente?». Mientras la gente pasa tanto tiempo buscando su «yo verdadero», la cruda realidad es que todos los aspectos de tu mente son parte de ti. Es prácticamente imposible pensar en cualquier comportamiento intencional que no refleje alguna parte genuina de la composición psicológica propia, ya sean las aptitudes, las actitudes, los valores o las metas.

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