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Detección precoz del alzhéimer

La enfermedad de Alzheimer se desarrolla décadas antes de que los afectados manifiesten alguno de sus síntomas. Aunque descubrir las señales del inicio del trastorno resulta un trabajo arduo, los científicos se esfuerzan por conseguirlo.

No todas las personas que pierden la memoria en la vejez padecen la enfermedad de Alzheimer. Los investigadores buscan métodos para identificar la demencia lo antes posible. [Getty Images / RapidEye / iStock]

En síntesis

Unos veinte años antes de que aparezcan los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer, empiezan a producirse alteraciones en el cerebro. Los investigadores buscan métodos que permitan detectar el trastorno de forma precoz.

Combinar pruebas psicológicas con el análisis del líquido cefalorraquídeo y la exploración cerebral mediante tomografía por emisión de positrones parece el método más fiable. No obstante, el primer procedimiento es invasivo y el segundo es caro.

Los científicos investigan otros métodos para detectar el alzhéimer en etapas de evolución tempranas, como es la exploración ocular, el análisis de sangre o el examen de las células inmunitarias. Hasta ahora, ninguno ha llegado a ponerse en práctica.

Cuando la memoria o la orientación empiezan a fallar, ya es demasiado tarde. Al menos, para iniciar un tratamiento que pueda detener el declive psíquico con el que se inicia la enfermedad de Alzheimer. Mathias Jucker, del Instituto Hertie para la Investigación Cerebral Clínica de la Universidad de Tubinga, explica: «El comienzo de la enfermedad se remonta hasta veinte años antes de que se presenten los síntomas». Durante ese tiempo, el cerebro ha experimentado alteraciones importantes: cantidades cada vez más grandes de las proteínas amiloide beta y tau se almacenan en el tejido nervioso. Unos diez años antes de que aparezcan los primeros síntomas, disminuye la actividad metabólica en determinadas áreas cerebrales y las neuronas se mueren.

En todo el mundo, alrededor de 50 millones de personas padecen alzhéimer o alguna otra forma de demencia. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en los próximos treinta años pueden superarse los 150 millones de afectados. Mas, por ahora, la búsqueda de un remedio ha resultado infructuosa. Los investigadores se esfuerzan por detectar el trastorno antes de que aparezca. «El objetivo es descubrir estadios lo más tempranos posibles para que, al menos en teoría, aumente el potencial terapéutico», indica Oliver Peters, de la Clínica de Psiquiatría y Psicoterapia de la Universidad Charité de Berlin.

Sin embargo, desarrollar métodos para la detección precoz del alzhéimer constituye un objetivo arduo. Según el estado actual de los conocimientos científicos, la enfermedad comienza en un pequeña estructura del lóbulo temporal, la corteza entorrinal. De ahí se extiende hacia el hipocampo (área importante para la memoria a corto plazo), «conquista» la amígdala (centro de los sentimientos y la memoria emocional) y, finalmente, llega a la neocorteza (sede de los recuerdos a largo plazo).

Demostrar dichos procesos resulta complejo. Con todo, una posibilidad la ofrece el líquido cefalorraquídeo, que irriga el encéfalo y la médula espinal. Se introduce una fina aguja entre dos vértebras para llegar al canal raquídeo, de donde se extrae una muestra del fluido. Su análisis permitirá determinar la concentración de las proteínas tau y amiloide beta. No obstante, existe un problema: el organismo produce líquido cefalorraquídeo constantemente. En concreto, sus alrededor de 140 mililitros se renuevan entre tres y cuatro veces a lo largo del día. Por ello, utilizarlos para obtener información sobre el desarrollo temprano de la demencia resulta un proceso extremadamente laborioso, a pesar de que cada vez se dispone de sistemas analíticos más refinados.

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