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Friston y su teoría de la energía libre

El británico Karl Friston cree haber ­descifrado las claves del funcionamiento del cerebro. Mientras algunos lo consideran un genio, otros le tildan de ególatra.

Karl J. Friston, nacido en 1959, se formó como psiquiatra. Desde 2001 dirige el prestigioso Centro Wellcome Trust para la Neuroimagen en el Colegio Universitario de Londres. [Kate Peters, cortesía de Karl J. Friston]

En síntesis

Karl Friston, del Colegio Universitario de Londres, es uno de los neurocientíficos más citados de nuestros días. Su principio de la energía libre describe el funcionamiento básico del cerebro.

Según Friston, nuestras células de la materia gris evitan la sorpresa, o «energía libre», siempre que pueden. Con ello mejoran continuamente las predicciones sobre lo que ocurre en el mundo.

Los críticos reprochan que la hipótesis de Friston resulta difícil de comprobar. No obstante, el principio cuenta con múltiples partidarios e inspira tanto a neurofilósofos como a investigadores.

El equipo de investigación de Karl Friston se reúne un lunes por la tarde en un despacho del Colegio Universitario de Londres. Se discute la planificación de un estudio sobre la esquizofrenia. Vestido con un traje azul marino y con las manos entrelazadas sobre el vientre, Friston escucha atentamente las intervenciones de sus colaboradores. Solo un ocasional frunce del ceño trasluce que se encuentra trabajando tras sus párpados entreabiertos. Cuando cesa la discusión, se incorpora, sonríe y plantea: «Ahora debemos hacernos una pregunta. Todo lo que hemos pensado hasta ahora acerca de este tema, ¿podría ser erróneo?».

Friston es uno de los neurocientíficos más influyentes de nuestros tiempos. En los últimos años, ha causado especial furor con una teoría que literalmente debería explicar todo lo que ocurre en el cerebro. El «principio de la energía libre», que presentó por primera vez hace más de diez años, se fundamenta en dos supuestos básicos. En primer lugar, el cerebro elabora pronósticos sobre el mundo permanentemente. En segundo lugar, para ello emplea las reglas de la estadística bayesiana. Según Friston, de este modo es posible sintetizar toda la actividad cerebral hacia una única meta: evitar las sorpresas en la medida de lo posible.

Vayamos por orden. A comienzos de su recorrido, Friston trabajaba como psiquiatra en una clínica psiquiátrica de Oxford con personas que padecían esquizofrenia. Las alucinaciones y los delirios de los pacientes le fascinaban de tal modo que deseaba averiguar cómo se habían desencadenado. Era un propósito nada sencillo a principios de los años noventa del siglo pasado, en una época en la que resultaba muy difícil analizar los procesos del cerebro humano en vivo.

Friston desarrolló un procedimiento para la valoración estadística de la técnica de escáner cerebral, por entonces todavía en pañales. Hoy en día, la cartografía estadística paramétrica se utiliza en el ámbito de la neuroimagen de manera universal. Dicha técnica reveló un problema crítico para la interpretación de los datos cerebrales: puesto que la actividad neuronal no puede medirse directamente, sino que se infiere, por ejemplo, a partir del aumento de la circulación de la sangre en el cerebro, los datos contienen numerosas variables extrañas.

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