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La mujer que veía solo los detalles

Sentada a la mesa, con todo ya dispuesto para comer, la señora A. no distingue el salero que se halla justo ante sus ojos. La agnosia simultánea que padece le impide ver varios objetos a la vez.

Getty Images / karandaev / iStock, modificado por Mente y Cerebro

En síntesis

La señora A. solo distingue fragmentos de una escena, sea una foto o una imagen real. En otras palabras, no percibe los objetos en su conjunto.

Sufre simultagnosia, un trastorno de la percepción visual relacionado con una lesión producida entre las cortezas parietal y occipital.

Cuando leemos una palabra u observamos una escena, un sistema visual se encarga de identificar los objetos y otro los localiza unos respecto a otros. La señora A. presenta una disfunción en este último.

La señora A., de 57 años, acude a nuestra consulta del servicio de neurología por indicaciones de su oftalmólogo, quien está perplejo por los problemas visuales que presenta la paciente. No sabe cómo ayudarla. Todo empezó hace un año, cuando la señora A. se dio cuenta de que tenía dificultades para conducir tras caer la noche.

Esa fue la primera señal. Poco a poco, los problemas se fueron agravando, hasta tal punto que las colisiones con el vehículo fueron a más, aunque ella no llegaba a comprender por qué sufría esos percances. Al cabo de unos meses, después de que le graduaran la vista en varias ocasiones y que cambiara de gafas otras tantas veces, la señora A. notó que le costaba leer: le parecía que las palabras saltaban ante sus ojos. Además, cuando llegaba al final de una línea tenía dificultades para encontrar el principio de la siguiente. Las personas de su entorno también se percataron de sus impedimentos visuales. Una mañana, la hija se inquietó sobremanera durante el desayuno. Su madre le insistía que fuera a la cocina en busca de la sal. Pero el salero se encontraba justo ante los ojos de la señora A.

Las molestias iban en aumento. Y los exámenes oftalmológicos no daban con el problema. Seguía siendo inexplicable. Claro que los ojos solo son la puerta de entrada del sistema visual. Es en el cerebro donde, a partir de las informaciones que suministra la retina, se construye la representación del mundo exterior. Era lógico, pues, consultar las alteraciones visuales de la señora A. con un neurólogo.

Para hacerme una primera impresión del trastorno de la paciente, le pedí que sostuviera una revista del corazón, abierta a doble página, entre las manos. Los folios reproducían a todo color la imagen de una boda principesca. También le indiqué que se probara otras gafas y que describiera lo que veía. Las dificultades se manifestaron de inmediato. La señora A. me explicó que distinguía una calle, una especie de portal y uno de los contrayentes. Al insistirle, narró pocos detalles más, sin interpretar la escena en su conjunto.

Le propuse otra prueba: debía dibujar seis puntos negros en una hoja de papel y contarlos mientras iba señalando cada uno con el dedo. Su mirada se desplazó unos instantes sobre el papel antes de hallar un primer punto. Luego, intentó laboriosamente repetir con dos más, pero recontó dos veces el primero, y anunció que ya había terminado. Se había dejado la mitad de los puntos. Además, contó varias veces algunos de ellos.

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