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Nostalgia del ayer

Las personas que de vez en cuando se deleitan con sus recuerdos son más optimistas, felices y seguras de sí mismas. Pero cuidado: no conviene abusar de este sentimiento.

Getty Images/Allkindza/iStock

En síntesis

Escuchar las canciones favoritas de antaño o mirar las series de televisión de cuando éramos niños no es ninguna pérdida de tiempo, sino una gran estrategia contra la soledad o la tristeza.

En general, la nostalgia hace que las personas se sientan más felices, seguras de sí mismas y optimistas. Por otro lado, contribuye a la sensación de una vida plena.

Los publicistas y los políticos apelan a los efectos positivos de la nostalgia. Por ello, si alguien hace propaganda de «los viejos tiempos», deberíamos analizar qué motivos pueden esconderse detrás.

Adornamos el piso con fotografías que captaron momentos importantes de nuestra vida. Cocinamos el pastel de manzana siguiendo la receta de la abuela. Nos gusta ver películas que nos recuerdan a los viejos tiempos. ¿Por qué? Porque con frecuencia ello nos produce un sentimiento de bienestar.

Durante largo tiempo, la nostalgia se rechazó por considerarla negativa. En el siglo XVII, el médico Johannes Hofer (1669-1752) elaboró su tesis doctoral sobre el sufrimiento que padecían los mercenarios suizos que partieron a la guerra para los príncipes ricos. Lejos de casa, pensaban constantemente en su tierra natal. La «enfermedad» que hoy en día describiríamos como añoranza intensa, Hofer la denominó nostalgia.

No fue hasta los años setenta del siglo pasado cuando el sociólogo Fred Davis puso en duda tal descripción en su libroYearning for yesterday: A sociology of nostalgia («Anhelo del ayer: Una sociología de la nostalgia»). Davis fue el primero en descubrir el lado positivo de este sentimiento. Se percató de que, a menudo, los recuerdos de la infancia provocan sentimientos de seguridad. Por ese motivo, consideró que la retrospección sentimental cons­tituía una herramienta importante para lograr y con­solidar la propia identidad. En aquel entonces, su propues­ta chocó con la crítica, pero numerosos experimentos­ llevados a cabo durante los últimos quince años revelan que tenía razón y que los efectos positivos de la nostalgia sobrepasan la buena sensación a corto plazo.

En 2015, dos de nosotros (Sedikides y Wildschut), junto con otros científicos, identificamos tres funciones de la nostalgia, a saber: la autoorientación, que fortalece la seguridad en uno mismo y el punto de vista positivo; la función existencial, que agudiza la mirada del significado de la propia vida, y, finalmente, la función social, que fortalece el vínculo con los seres queridos. El hecho de que los humanos decoremos nuestro hogar con fotos de la boda o de la infancia o que busquemos otros estímulos que fomentan la nostalgia podría constituir, más que una mera casualidad, una decisión inconsciente para escudarse de determinadas situaciones.

¿Se ha preguntado usted alguna vez si logrará superar un reto concreto, sea una prueba, un proyecto o un problema? Recordar que en el pasado venció dificultades similares aumentará su optimismo y la seguridad en sí mismo. En 2013, un equipo dirigido por la psicóloga social Wing-Yee Cheung, de la Universidad de Southampton, pidió a un grupo de voluntarios que rememoraran un evento que les resultase nostálgico. El resto de los participantes debían pensar en una experiencia habitual que careciera de valor sentimental. Hallaron que solo el contenido de los pensamientos del primer grupo produjo optimismo.

La nostalgia contribuye a que las personas se sientan satisfechas con su vida y consideren que esta tiene sentido, demostraron en 2011 Clay Routledge, psicólogo de la Universidad de Dakota del Norte, y otros científicos a partir de diversos experimentos. En uno de ellos, los participantes que leían textos de canciones que les provocaban nostalgia consideraban que su conducta tenía más sentido en comparación con las personas del grupo del control. Además, aquellos que a menudo tenían la sensación de nostalgia valoraban su vida como más importante y se sentían más unidos a los demás.

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