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Resonancia magnética «ultrapotente»

Los avances en tomografía por resonancia magnética llevan la exploración no invasiva del encéfalo humano a nuevos límites de detalle.

Los vasos sanguíneos del cerebro brillan de color naranja en esta imagen obtenida por científicos de la Universidad de Queensland mediante un escáner de resonancia magnética de 7 teslas. [Cortesía de Markus Barth, Centro de imagen avanzada, Universidad de Queensland]

En síntesis

La tomografía por resonancia magnética (RM) permite visualizar el interior del cuerpo humano. Los campos magnéticos de gran intensidad logran obtener imágenes detalladas de los tejidos.

La investigación con escáneres de RM de 7 teslas ha aportado nuevos conocimientos sobre la actividad cerebral. En la clínica, contribuyen al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades.

En la actualidad, los dispositivos de RM más potentes trabajan con más de 10 teslas. No obstante, su aplicación resulta costosa; además, los efectos secundarios todavía son difíciles de valorar.

Una fría mañana de diciembre de 2017, en Minneapolis, un hombre accedió a un centro de investigación para aventurarse donde solo los cerdos lo habían hecho antes: el dispositivo de resonancia magnética (RM) más potente que se había construido hasta entonces para escanear el cuerpo humano.

Primero, cambió su vestimenta por una bata de hospital. A continuación, los investigadores se cercioraron de que no portaba metal en su cuerpo: ni piercings, ni anillos, ni implantes metálicos, ni marcapasos. Cualquier metal podía ser desplazado por el poderosísimo imán de 10,5 teslas y un peso que casi triplicaba el de un avión Boeing 737. Su potencia excedía en un 50 por ciento la de los imanes más potentes de uso clínico. Días antes, el voluntario se había sometido a un chequeo, que incluía una prueba del sentido del equilibrio. Había que asegurarse de que el posible mareo que podía mostrar tras la exploración sucedía a causa de la exposición al imán, no por otro motivo.

Allí, en la sala de RM del Centro de Investigación en Resonancia Magnética de la Universidad de Minnesota, se tumbó dentro de un tubo de 4 metros de largo, rodeado por 110 toneladas de imán y 600 toneladas de blindaje de hierro. La sesión iba a durar una hora. Las imágenes del delicado cartílago de su cadera ayudarían a comprobar los límites de resolución del prometedor aparato de RM.

El director del centro, Kamil Ugurbil, llevaba años esperando ese día. La puesta en marcha del imán sufrió numerosos retrasos porque faltaba el helio líquido necesario para llenarlo. Después de que, por fin, entregaran el dispositivo un día de 2013 con temperaturas exteriores bajo cero, se necesitaron cuatro años de ensayos con animales y un aumento de la intensidad del campo para que Ugurbil, junto con otros científicos, se decidiera a examinar al primer humano. No sabían muy bien qué verían. Mas la espera valió la pena: cuando la exploración del escáner se materializó en la pantalla, la refinada resolución reveló detalles intrincados del cartílago que, delicado como una oblea, protege nuestra cavidad cotiloidea. «Fue extremadamente excitante y muy gratificante», recuerda Ugurbil.

Este escáner, cuyo precio asciende a 14 millones de dó­lares, es uno de los pocos en el mundo que lleva la RM hasta nuevos límites de intensidad magnética. Hoy en día, los hospitales emplean aparatos con intensidades de campo de 1,5 o 3 teslas. Aunque cada vez existen más escáneres de campo ultraalto: docenas de aparatos de 7 teslas se utilizan ya en diversos laboratorios de investigación del planeta. Además, hace unos dos años se aprobó el primer modelo de 7 teslas para uso clínico, tanto en Estados Unidos como en Europa. Con todo, la cima la ocupan tres escáneres de más de 10 teslas para su uso en humanos.

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