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  • Mayo/Junio 2015Nº 72

Salud

Adicción al deporte

El ejercicio físico es saludable... hasta cierto punto. Algunos aficionados al deporte muestran los típicos síntomas de adicción. Es probable que los motivos yazcan en procesos neuronales parecidos a los de la drogodependencia.

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Un vecino que sale a correr todas las mañanas del año, sin excepción; un compañero de trabajo que aprovecha la hora del almuerzo para «machacarse» en el gimnasio; una amiga que participa cada dos semanas en una competición de triatlón. Se podría decir que esto quizás es excesivo. Y es probable que el vecino, el compañero de trabajo y la amiga estén de acuerdo. Según comprobó el pedagogo deportivo Edgar Rümmele ya en los años ochenta del siglo pasado, muchas personas aficionadas al deporte se describían a sí mismas como «adictas»: más de la mitad de los corredores de maratón que entrevistó consideraban que eran unos adictos a correr; algunos incluso confesaban no soportar la idea de que algún día no podrían hacerlo más.

No obstante, Heiko Ziemainz, psicólogo de la Universidad Erlangen-Núremberg, señala que, en un principio, el entrenamiento intensivo no supone ningún riesgo para el organismo. «Por lo general, practicar mucho deporte, es decir, unas cinco o siete veces a la semana, conlleva enormes beneficios para la salud.» En la mayoría de los casos, el impulso a moverse y participar en competiciones no supone una conducta patológica, sino que consiste en una actitud positiva frente al reto deportivo.

Esta explicación resolvería la cuestión: quien entrena de manera intensiva no tiene ningún problema, aunque se trate de un atleta ironman, es decir, alguien que nada 3,8 kilómetros, completa 180 kilómetros en bicicleta y corre los 42,2 kilómetros de una maratón, todo ello de una tacada. Las investigaciones que estudian las ventajas del entrenamiento de resistencia concluyen que la actividad deportiva intensa aumenta la sensación de felicidad, favorece el equilibrio emocional, mitiga la ansiedad y reduce el estrés.

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