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Café y té, ¿protectores del cerebro?

Su consumo diario se vincula a índices menores de depresión y declive cognitivo.

THINKSTOCK

Tal vez el té y el café no se limiten a proporcionarnos el empujón matutino que necesitamos para arrancar en nuestro día a día; también podrían contribuir a mantener sano el cerebro. Numerosos estudios recientes relacionan ambas bebidas con la prevención de la depresión y de las enfermedades de Alzheimer y Parkinson.

En un estudio longitudinal de diez años de duración, investigadores de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) examinaron los posibles vínculos entre la depresión y la ingesta de café, té y refrescos. Los autores registraron el consumo de las bebidas en más de un cuarto de millón de participantes adultos entre los años 1995 y 1996. Compararon esos valores con los informes de depresión facilitados por los propios encuestados después del año 2000. Los resultados revelaron que la ingesta habitual de café coincidía con un riesgo algo menor de padecer depresión, según publicó PLOS ONE en abril de 2014. En cambio, quienes bebían más de cuatro refrescos azucarados al día presentaban un riesgo un 30 por ciento mayor de desarrollar un trastorno depresivo al cabo de cinco o diez años. Los refrescos con edulcorantes eran los que quedaban peor parados: los probandos que tomaron bebidas light (cuatro o más unidades al día) durante el período estudiado manifestaron un mayor riesgo de depresión. El mismo estudio señala que el té produce un escaso efecto protector, aunque existen trabajos que demuestran lo contrario.

En 2013 se halló que los chinos adultos que tomaban con regularidad té presentaban un riesgo menor de sufrir depresión: si bebían la infusión entre uno y cinco días a la semana, la posibilidad de trastorno disminuía en un 21 por ciento; si el consumo de té era diario, el porcentaje alcanzaba un 41 por ciento.

Pero no solo eso. La rutina de beber café o té reduce asimismo el declive cognitivo, señalan algunos trabajos. Existen investigaciones en roedores que, tras analizar compuestos específicos del café y del té, respaldan el supuesto de que algunas de estas sustancias previenen de las enfermedades de Alzheimer y Parkinson.

En julio de 2014, Neurobiology of Aging publicaba en línea que si se añadía eicosanoil-5-hidroxitriptamida (un componente del café) a la dieta de ratas, el cerebro de estas quedaba protegido de las alteraciones patológicas típicas del alzhéimer. Otro experimento, este de 2013, reveló que el mismo compuesto tenía efectos protectores en múridos transgénicos con párkinson.

Además, puede que la cafeína no solo proteja al cerebro, sino que también le favorezca. En septiembre, un artículo de la misma publicación mostraba que si se añadía cafeína al agua que bebían los ratones, los ovillos de proteína comunes en el alzhéimer se reducían en los animales a la vez que prevenía el déficit en la memoria espacial.

Todavía es demasiado pronto para asegurar que los refrescos influyen en la depresión o que el café o el té protegen al cerebro de dicho trastorno. Sin embargo, la mayoría de los expertos están de acuerdo en que una taza de té o café a diario no perjudica.

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