Cámaras a semejanza de los ojos

Investigan la posibilidad de crear máquinas fotográficas que imiten la función del sistema visual humano con el objetivo de incrementar la calidad de las imágenes.

GETTY IMAGES

En síntesis

Al producir imágenes, las cámaras acusan dificultades que los ojos nunca tienen: una exposición incorrecta, una resolución insuficiente o una difuminación por movimiento.

Para compensar esas deficiencias, se están diseñando técnicas fotográficas que imitan al ojo humano.

Un chip inspirado en la retina podría abrir el camino para la fabricación de mejores cámaras, así como para crear robots más inteligentes.

Nos encontramos en un claro de la pluviselva subtropical del norte de Australia. Admiramos la danza de la luz que se filtra por el dosel de las copas rumorosas de los árboles. Abajo, los arbustos definen figuras intrincadas de luces y sombras sobre los troncos solemnes. Un ualabí, una especie de canguro enano, pasta en el espacio abierto. Alzamos nuestro teléfono móvil inteligente y enfocamos al tranquilo marsupial. En el justo instante en que pulsamos el disparador para captarlo, el animal se percata y huye a saltos. En la imagen de nuestra pantalla, la mitad de la toma resulta demasiado oscura para distinguir los detalles; además, los retazos de cielo entre el ramaje están «quemados», son de un blanco total. El ualabí, a mitad de su salto, aparece como una mancha pequeña y borrosa en el centro de la imagen. Al ampliarla, se convierte en un campo de píxeles, casi cubista, pues su contorno queda descompuesto en los cuadrados más pequeños que resuelve el sensor de la cámara.

Salvo posiblemente por el ualabí, la experiencia descrita es bien conocida por todos quienes toman fotografías, sea con un toque en una pantalla o con una cámara profesional. La proliferación de teléfonos inteligentes ha convertido a multitudes en apasionados fotógrafos. Según una encuesta del Centro de Investigación Pew, más de la mitad de los usuarios de Internet estadounidenses publican en línea fotos originales propias. Según informa Instagram, el servicio de intercambio de imágenes más popular, a diario suben a su red unos 55 millones de fotografías, un promedio de 38.000 por minuto. Empero, ni una sola de estos millones de millones de instantáneas se aproxima lo más mínimo a captar la riqueza y vivacidad del mundo que experimentamos a través de los ojos.

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