MARTIN MÜLLER

Casi de manera instantánea, nuestros órganos de los sentidos informan al cerebro sobre un evento. Sin embargo, la consciencia es más lenta, pues tardamos un cuarto de segundo en ser conscientes de lo que pasa. Para poder reaccionar de manera rápida, nuestro cerebro se prepara de forma insconsciente, como también sucede con el de los porteros de fútbol.

0 milisegundos: Concentración
El guardameta dirige su atención hacia el jugador que se dispone a chutar. El tálamo, alojado en el diencéfalo, contribuye a la concentración. El lóbulo frontal se encarga de que los estímulos irrelevantes y pensamientos distractores no ocupen la mente.

70 milisegundos: Memoria motora
El guardameta todavía no percibe de manera consciente el balón que surca los aires, aunque su cerebro ya planea de manera inconsciente la reacción con la que deberá afrontar la situación. Para ello se basa sobre todo en la información visual de los movimientos del contrincante. Estos datos activan el lóbulo parietal, el cual, a su vez, pone en marcha la memoria procedimental. Se trata de recuerdos de movimientos aprendidos que se hallan almacenados, cual programas automáticos, en el putamen, una región cerebral que se aloja en los ganglios basales.

250 milisegundos: Plan de reacción
El cerebro del portero idea un plan de reacción con ayuda de las informaciones acumuladas hasta ese momento. Son los conocimientos (todavía inconscientes) sobre la velocidad y la dirección de vuelo del balón. El plan se almacena en la corteza premotora.

285 milisegundos: Percepción consciente
El guardameta percibe el balón de manera consciente; sin ­embargo, previamente ya había calculado­ más o menos su posición de ­manera inconsciente.

355 milisegundos: Instrucciones de movimiento
La corteza premotora envía el plan de movimiento a la corteza motora. Esta transmite, a través de la médula espinal, las instrucciones de movimiento a los músculos. En general, se activan todos los músculos del cuerpo del portero para defenderse ante la amenaza de gol del contrincante. El cerebelo controla la secuencia en la que deberán moverse cada una de las extremidades.

500 milisegundos: Acción consciente
A veces, la trayectoria de la pelota no se corresponde con el cálculo previo inconsciente que ha hecho el cerebro. El guardameta puede corregir el plan de movimien­to, pero para ello requiere tiempo. Con frecuencia, no llega a tiempo para detener el balón.

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