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1 de Mayo de 2015
Envejecimiento

La mente del anciano se distrae con facilidad

Mediante el entrenamiento se puede aumentar la capacidad del cerebro de los mayores para filtrar información no deseada.

ISTOCKPHOTO

Con la edad perdemos capacidad para despreciar los estímulos irrelevantes. Es la causa de que resulten dificultosas las conversaciones en los restaurantes, cuando para hablar con nuestros comensales debemos desconectar de las charlas que acontecen en nuestro entorno. Recientes investigaciones ponen de relieve esta distracción de la mente al envejecer, pero también indican que, con entrenamiento, pueden filtrarse las interferencias.

Científicos de la Universidad Brown reclutaron a personas mayores y a jóvenes veinteañeros para realizar un experimento visual. Presentaron secuencias de letras y números a todos los participantes. Estos debían fijarse solo en los números a la vez que obviaban series de puntos sin significado. En ciertas ocasiones, estos puntos se movían al azar; en otras, lo hacían en una dirección definida, lo que dificultaba no prestarles atención.

Los probandos mayores acabaron aprendiendo por casualidad las pautas de puntos, basándose en el acierto de sus respuestas cuando se les preguntaba en qué dirección se estaban moviendo los puntos, mientras que los más jóvenes parecían más capaces de suprimir esta información y fijarse en los números, según informaba el pasado noviembre la revista Current Biology.

En otro estudio publicado en Neuron, científicos de la Universidad de California en San Francisco demostraron, tanto en ratas viejas como en personas ancianas, que podían entrenar el cerebro envejecido para evitar la distracción. Los investigadores hacían sonar tres tonos; si los individuos identificaban la tonalidad diana, con lo que desatendían los sonidos de distracción, recibían una recompensa. La tarea propuesta resultaba más difícil conforme mejoraba su rendimiento, por lo que cada vez era más difícil distinguir el sonido diana de los tonos de distracción. Tras el entrenamiento, tanto las ratas como las personas cometieron menos errores por distracción. Las neuroimágenes confirmaron que también las respuestas nerviosas a las distracciones eran menos acusadas en ambos casos.

Los intentos previos para entrenar el cerebro se habían centrado en la mejora de la atención, sin ningún resultado. «Prestar atención e ignorar no son las dos caras de una misma moneda», explica Adam Gazzaley, autor del estudio. «Si nos limitamos a las mediciones nerviosas de la atención, las personas mayores son como los veinteañeros. En cambio, el déficit en la capacidad de ignorar las distracciones sí es una característica específica de los ancianos.»

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