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Mentes diseñadoras

Aunque algunos investigadores sostienen que los humanos diseñamos con un propósito determinado, otros argumentan que son las experiencias y los fracasos lo que nos lleva a idear nuevos artilugios e incluso comportamientos novedosos.

En 2003, Shinya Yamamoto y sus colaboradores observaron en Nueva Guinea cómo un chimpancé salvaje llamado JJ utilizaba una herramienta larga y rígida para alcanzar hormigas carpinteras. El macaco tuvo éxito en tres intentos de un total de catorce. También recibió los mordiscos de los insectos en tres ocasiones. Dos años después, el mismo chimpancé decidió usar una rama más corta y flexible para cazar alimento. Con la nueva táctica se ahorró la agresión de las hormigas (fotografía). ¿Influyó la previsión o el método de ensayo y error en el cambio de estrategia? [AMERICAN JOURNAL OF PRIMATOLOGY / WILEY E HIJOS]

En síntesis

Según sostienen evolucionistas y creacionistas, los humanos diseñamos con previsión y propósito. De esta manera, los inventos se deben a la capacidad creativa, el ingenio y la intuición del individuo.

Otros investigadores, en cambio, afirman que los inventos surgen a partir de la experiencia; del ensayo y el error. Mediante este proceso surgen también los comportamientos novedosos.

El perfeccionamiento de las técnicas en el ámbito del deporte apoya este argumento: la experiencia y el proceso de ensayo y error han hecho posible crear nuevos estilos y mejorar las marcas de los deportistas.

En 1802, el filósofo y teólogo William Paley (1743-1805) expuso en su famosa analogía del relojero el argumento básico para el diseño inteligente: la complejidad y funcionalidad de un reloj implica la existencia de un relojero; de forma análoga, la complejidad y funcionalidad de los seres vivos implica también un diseñador, pero uno más poderoso que un simple relojero. Este razonamiento se basa en una sencilla relación de semejanza entre el diseño de artefactos humanos y el de formas naturales. Para que la analogía funcione, primero tenemos que aceptar que diseñamos nuestras invenciones con previsión del futuro y con un propósito. Afirmación que sostienen la mayoría de los evolucionistas y creacionistas. Sin embargo, los seguidores de estas dos posturas se muestran en desacuerdo cuando se trata de explicar el origen de los seres vivos: los defensores del diseño inteligente acuden a un creador divino; los evolucionistas hablan de la selección natural. En pocas palabras, los evolucionistas y los creacionistas comparten una misma comprensión de lo que es el diseño, pero difieren en cómo utilizar dicho concepto.

Las discusiones sobre el diseño constituyen un tema recurrente en los escritos de los evolucionistas, desde Charles Darwin (1809-1882) hasta el contemporáneo Richard Dawkins. Ponderando las implicaciones de su teoría de la selección natural en el «antiguo argumento del diseño en la naturaleza» de Paley, Darwin escribió en su autobiografía que quedaba obsoleto el siguiente argumento: «El precioso gozne de un bivalvo debe haber sido ­fabricado por un ser inteligente, como el gozne de una puerta fabricado por un hombre. No parece que exista más diseño en la variabilidad de los seres orgánicos y en la acción de la selección natural que en la dirección en la que sopla el viento. Todo lo que sucede en la naturaleza es el resultado de leyes fijas». Un siglo después, Dawkins profundizó en el tema del diseño. Dividió al mundo «en cosas que parecen diseñadas (pájaros y aviones) y cosas que no lo parecen (rocas y montañas)». Después, dividió los elementos que parecen diseñados en «los que realmente han sido diseñados (submarinos y abrelatas) y «los que no lo han sido» (tiburones y erizos)».

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