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Por qué lloramos de alegría

La reacción negativa ante experiencias positivas nos ayuda a mantener las emociones en equilibrio.

ISTOCKPHOTO

Muchas personas lloran al reunirse con sus seres queridos, sollozan cuando reciben buenas noticias o pellizcan las mejillas de los bebés. ¿Por qué las experiencias positivas suscitan reacciones «negativas»? Al parecer, que consigamos con ello tranquilizarnos y controlar mejor la situación, según una reciente investigación.

Oriana Aragón, psicóloga de la Universidad Yale, encuestó junto con sus colaboradores a 143 adultos sobre cómo reaccionaban ante experiencias buenas y malas. A continuación les mostraron fotografías de bebés clasificadas según lo atractivos que resultaban (los niños con ojos y mejillas grandes y barbilla y nariz pequeñas se consideran más hermosos, según se ha comprobado). Los investigadores preguntaron a los sujetos qué sentimientos les despertaban esos bebés y cómo interactuarían con ellos.

Cuanto más lindos eran los pequeños, más aumentaba la probabilidad de que los probandos experimentaran sentimientos positivos. Pero también se mostraban más dispuestos a jugar con cierta agresividad con ellos (darles pellizcos en las mejillas, por ejemplo). En un estudio de seguimiento, Aragón observó que cuando los probandos explicaban que actuarían con cierta rudeza, se calmaban antes; se mostraban emocionalmente más neutros al cabo de algunos minutos a diferencia de los sujetos que no presentaban esa tendencia. «Ello sugiere que las expresiones negativas pueden contribuir a regular emociones positivas que resultan abrumadoras», afirma Aragón.

Pero ¿por qué habríamos de querer regular nuestras emociones positivas? Las investigaciones llevan a pensar que los sentimientos «demasiado positivos» pueden inmiscuirse en la adopción de decisiones, obviar amenazas del entorno o incitarnos a actuar de forma impulsiva. De este modo, cuando un padre rebosante de gozo por la visión de su adorable hija siente el deseo de mordisquearle los deditos de los pies, ese deseo podría favorecer a ambos. «La niña se beneficia de esas manifestaciones si estas tranquilizan al adulto rebosante de felicidad.»

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